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CRÓNICA

Ritmo de leyenda en Porta Ferrada

The Original Blues Brothers Band revivió sus clásicos

JORDI BIANCIOTTO
SANT FELIU DE GUÍXOLS

Fue uno de los conciertos más multitudinarios de este verano en Porta Ferrada y no vino a través de una propuesta innovadora o que marque tendencia, sino de una sesión de rhythm'n'blues y soul de la vieja escuela oficiada con minuciosa eficacia por un equipo de seniors. The Original Blues Brothers Band abarrotó el martes el Espai Port con 1.300 personas que se sumaron a un cómputo final del festival situado en 20.000 espectadores (15.000 de pago y 5.000 en las actividades callejeras), cifra que supuso una media del 70% de ocupación según la organización.

Ya sabemos que esta Blues Brothers Band no inventa nada, pero se trataba de degustar a un competente equipo de músicos, entre ellos el guitarrista Steve Cropper y el saxofonista Lou Marini (únicos supervivientes de la era clásica de The Blues Brothers) con aptitudes para conectar con el público. Ahí, cabe apuntar que si bien hubo sapiencia instrumental sobre las tablas, la fiesta se hizo esperar hasta la recta final.

El concierto comenzó a medio gas con un medley instrumental que remitió al venerable grupo de Cropper desde los 60, Booker T. & The MG's (Green onions), y a Henry Mancini (Peter Gunn) y The Bar Keys (Soul finger), y la entrada en escena, con Going back to Miami, de la pareja formada por Tommy McDonell y Rob Paparozzi trajo el recuerdo de Aykroyd y Belushi con sus voces rasposas y sus rutinas escénicas. El suave contraste de un tercer cantante, Bobby Sweet soul Harden, fue bienvenido en Flip, flop, fly, Hey bartender Groove me.

En la retaguardia, un Cropper muy consistente, pulmón de acero de la banda, poco interesado en lucimientos virtuosos, parcela en la que prefirió ceder el foco a John Tropea, que brindó un estilizado solo en Shotgun blues. Cropper recordó, eso sí, sus galones al ser presentado como coautor (con Eddie Floyd) de Knock on wood, canción que, por fin, consiguió agitar los ánimos de un público que llevaba una hora mostrándose muy contenido.

ENERGÍA EXTRA / De ahí, a unos Sweet home Chicago Soul man acompañados de mensajes imperativos («everybody stand up!»), donde el grupo, con varios músicos que rondan la setentena, mostró todo su vigor pese a que arrastraba cansancio: Marini confesó que habían llegado a Sant Feliu a las cinco de la madrugada tras un criminal vuelo nocturno de Belgrado a Barcelona. «Pero tenemos un montón de energía. Sí, aún, después de todos estos años», aseguró. Lo demostraron con un bis que recaló en Who's makin' love, éxito de Johnnie Taylor en el sello Stax, en 1968, camino a la universal Everybody needs somebody to love, recuerdo a Solomon Burke. Un legado que no caduca.

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