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Tributo al augusto Monti

La compañía Monti&Cia, bajo la dirección de Martí Torras, rinde homenaje al fallecido payaso con 'Rhum'

El espectáculo, un proyecto inacabado del 'clown' catalán, llega hoy al Espai Lliure

I. F.
BARCELONA

Regaló risas y felicidad en la carpa pero murió solo y triste a los 50 años. Se llamaba Enrique Jacinto Sprocani -alias Rhum-, un legendario payaso de principios del siglo XX. Otra emblemática nariz roja, Joan Montanyès, Monti, quiso rendirle tributo con Rhum, espectáculo sobre su figura y el oficio de hacer reír que él mismo iba a protagonizar. Empezó a trabajar en él junto al dramaturgo y director de escena Martí Torras, pero el cáncer se lo llevó en marzo del pasado año, a los 48 años, y no lo pudo concluir. Ahora la compañía Monti&Cia, bajo la dirección de Torras, ha rescatado y recreado el proyecto y lo presenta a modo de homenaje al clown catalán. Al payaso augusto, ingenuo y gamberrete. Cinco payasos saltarán hoy, y hasta el domingo, a la pista del Teatre Lliure de Montjuïc (Espai Lliure) para recordarle.

Tierno y gamberro

Jordi Martínez (tío de Monti y primer carablanca de su compañía), Pep Pasqual, Joan Arqué, Roger Julià y Guillem Albà, con la colaboración de Oriol Boixader, Oriolo, protagonizan una obra que, en palabras de Torras, contiene la «misma ternura, musicalidad, sensibilidad poética, gamberrismo, incorrección y locura que el ánima de Monti ponía en todos sus espectáculos». Un alma inquieta y generosa que le llevó a mil y unas aventuras. Hijo del actor y director Josep Montanyès (que estuvo al frente del Lliure), fundó Monti&Cia en 1996, viajó con Pallassos sense Fronteres a Bosnia, Palestina y Haití, y dirigió el Circo Price de Madrid (2006-2008).

 «Presentamos un montaje circense con una pequeña dramaturgia que reúne los mejores momentos de Monti [premio Max del circo 2001]», explica el director. «Es muy potente, divertido, con la dosis de emoción que toca. Nos hemos basado en sus números adaptados a los payasos que los interpretan», agrega Torras, que ha mantenido el espíritu del Rhum que concibió «el mejor payaso que ha tenido el país».

La acción transcurre en el almacén de una compañía que, después de un largo tiempo en dique seco, recibe una oferta de trabajo. Allí se amontonan el vestuario de Monti, imágenes, decorados y otros detalles que el público que lo conoció reconocerá. Para reconstruir la idiosincrasia del universo de Montanyès, la compañía, agrega Torras, ha hecho «un trabajo arqueológico con todo el amor del mundo en homenaje a un gran amigo y un gran payaso».