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El código de Mai Jia

'El don' mezcla una saga familiar, una trama a lo Le Carré y el delirio interior de un genio

De comandante a ’best-seller’ .Mai Jia, hace unos días en Barcelona.

De comandante a ’best-seller’ .Mai Jia, hace unos días en Barcelona. / DANNY CAMINAL

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ERNEST ALÓS
BARCELONA

Nueve años después de que Jiang Benhu (Fuyang, 1964), el escritor chino que firma sus obras como Mai Jia, se convirtiera en un best-seller en China con su novela El don (Destino / Edicions62), un lanzamiento internacional simultáneo ha hecho llegar su obra a Occidente. Esta historia de un niño prodigio que acaba convertido en una estrella del servicio de criptografía chino, enfrentado a dos endiablados códigos secretos de la inteligencia de EEUU, se ha presentado como la obra del Larsson chino y al mismo tiempo se le ha comparado con Chesterton, Borges, Nabokov y Nietzsche. ¿Pero qué es exactamente El don? ¿No parece más bien tres novelas detrás de otra; una novela tradicional de la China prerrevolucionaria que cuando está esbozada pasa a ser otra con aires de Le Carré para acabar con el delirio interior del protagonista, Rong Jinzhen?

«En efecto, tiene una primera parte de saga familiar y otra de espionaje, pero todo es un decorado. Lo más importante para mí no es hablar ni de secretos ni de leyendas familiares, sino del mundo interior de alguien que es un genio. Un niño abandonado, autista, que tiene un don especial pero que se vuelve en su contra», responde. Mai Jia se enfrenta a un reto: demostrar cómo Rong Jinzhen pierde la razón intentando descifrar un código diabólico pero sin entrar en tecnicismos matemáticos. Lo hace recurriendo a un lenguaje alegórico: «No podía convertir la novela en un manual, pero tenía que hacer entender la dificultad de ese trabajo y en qué mundo se movía Rong Jinzhen. Y sin explicar cómo se descifra un código, claro».

El mayor Jiang Benhu

El aparato de promoción que rodea el lanzamiento de Mai Jia en Occidente no olvida su pasado en el seno de los servicios de inteligencia militar china. Aunque las cosas no sean en realidad exactamente como algunos cuentan. Mai Jia es hijo de una familia represaliada durante la Revolución Cultural. Un periodo que reflejado en El don, cuando ya se podía hablar de ello. Y el ingreso en un instituto tecnológico del Ejército tras la secundaria era un instrumento para reinsertarse en el sistema.

Me sirvió para teñirme de rojo», explica. «Era una entidad más bien secreta, para formar personal de los servicios de inteligencia, pero solo estuve ocho meses. Tenía poco contacto con las personas que manejaban de verdad información secreta. Preferí protegerme. Es mejor no acercarse mucho: esas son las reglas, si tienes mucho acceso, quedas atado y nunca saldrás fácilmente. Luego fui a una academia militar que fomentaba la creación literaria». Cuesta imaginarse una institución militar de este tipo. «Bueno, se trataba de formar a los cuadros responsables de la propaganda en el Ejército», aclara. Y acabó con el grado de mayor. Hasta que, cansado de trapichear para poder combinar su carrera militar y la literaria -«le tenía que regalar una botella de licor del bueno a mi coronel cada vez que quería salir»- en 1997 colgó el uniforme. Así que las ciberguerras entre China y EEUU le caen lejos; respecto a la trama de espías de El don es como pasar «de la lucha con arma blanca a la bomba atómica». «El resumen de mi experiencia en el Ejército es muy poco militar: en 16 años solo disparé seis balas, en un examen», bromea (dentro de un orden; digamos que aún tiene aire de mayor).

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Sus opiniones políticas también las expresa con precaución: «Lo que más me preocupa son las desigualdades. Aunque soy más o menos optimista. Si miramos 30 años atrás, esto es casi el paraíso. Hay que sacar a tantos millones de personas de la pobreza, cuyo interés es vestirse y comer,  que la élite china tiene como prioridad la estabilidad antes que las libertades como se entienden en Occidente. Y el recuerdo devastador de la Revolución Cultural también explica ese miedo. Creo que China necesita tiempo. Quizá unos 30 años más, en los que ir ganando cada día algunas libertades básicas, educación y conciencia social».

¿Y mientras, qué margen de libertad tiene un escritor chino? «Yo tengo más libertad que otros escritores que hacen una crítica más directa a la realidad. No podemos aspirar a una libertad total pero si eres un buen escritor tienes maneras de superar y sortear la censura», explica este amigo del Nobel Mo Yan, a quien defiende frente a quienes le criticaron por no adoptar una actitud más contestataria. «Yo le comprendo. Es un autor muy crítico, pero tiene su forma de expresarse. No es justo tildarle de cobarde. Obligar a Mo Yan a expresarse de una manera determinada tampoco es muy democrático».