Excavaciones españolas en Egipto

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Dos reputados egiptólogos relatan en Barcelona sus últimos descubrimientos

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ANNA ABELLA
BARCELONA

Alejandro Jiménez (Jaén, 1974) se rindió a la pasión faraónica cuando con 10 años, al ver la película Los diez mandamientos se preguntó cuándo había vivido Ramsés II. Tanto, que al acabar la Selectividad su madre le llevó a Egipto. Allí le noqueó el tamaño de la Gran Pirámide pero su visión infantil y romántica del país quedó algo maltrecha ante el choque cultural con el mundo árabe. «En ese momento o lo amas o lo detestas...». A la vista está el resultado, pues lleva desde el 2008 descubriendo tesoros arqueológicos en la necrópolis de Qubbet El-Hawa, en Asuán.

Seis años, los mismos que Myriam Seco (Sevilla, 1967) viene haciendo lo propio en el templo funerario de Tutmosis III, en Luxor. A esta doctora en Historia Antigua se le iluminan los ojos cuando recuerda cómo le impactó el primer día que se sumergió en la zona del faro de Alejandría. «A diferencia de la del mar Rojo, allí el agua está muy turbia y no ves nada hasta que vas avanzando y de repente empiezas a ver esfinges, obeliscos, columnas... todo diseminado en un fondo marino de dos hectáreas». Ambos coincidieron la semana pasada en Barcelona, en el Museu Egipci, donde Jiménez ha impartido el cuarto curso de verano del centro fundado por Jordi Clos y dirigido por Maixaixa Taulé, y donde Seco recaló ineludiblemente tras emularle en Sant Feliu de Guíxols.

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Jiménez es el mudir (el jefe) y Seco, la mudira, de los proyectos que vienen excavando, una dirección que también ejercen en otros yacimientos un puñado de españoles, entre ellos, los veteranos José Manuel Galán, miembro del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), que desde el 2000 está al frente en Luxor del proyecto Djehuty, donde ha hallado decenas de momias con 4.000 años a cuestas; el profesor emérito de la Universitat de Barcelona y presidente de la Societat Catalana d'Egiptologia, Josep Padró, director de la misión de Oxirrinco; o la doctora Mari Carmen Pérez Die, desde 1984 en la necrópolis de Heracleópolis Magna. Sin olvidar a Miguel Ángel Molinero en la misión de la Universidad de La Laguna en Luxor o a Luis Manuel Gonzálvez, conservador del Museu Egipci, en Kom El-Ahmar, en Sharuna.

ESTABILIDAD Y VUELTA DEL TURISMO / Todos siguen ahora con sus campañas, peleando por el imprescindible patrocinio y financiación, en un momento en que el pueblo egipcio parece que empieza a ver la luz tras la crisis empeorada por la inestabilidad y la consecuente fuga del turismo, gran motor del país, tras la revolución del 2011 que hizo caer a Mubarak, las elecciones que auparon al islamista Mursi y el golpe de Estado del 2013 del general Al Sisi. «Sisi ha obtenido el apoyo popular de 23 millones de egipcios. Con él hay más tranquilidad, estabilidad y se nota una actitud más optimista hacia el futuro -opina Myriam Seco, que tiene casa en El Cairo y vive en Egipto desde 1998-. Confían en que en octubre el turismo empiece a volver». Jiménez está de acuerdo. «La seguridad y la situación política se está normalizando. En mayo sentí que era como en tiempos de Mubarak. El egipcio demandaba sobre todo pan y seguridad, no que lo convirtieran en un buen creyente. Y con la inseguridad se quedaron sin turismo y sin pan».