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UNA NUEVA FANTASÍA ESCANDINAVA

Un futuro de sequía eterna

La finesa Emmi Itäranta debuta con 'La memoria del agua', que ha cosechado un gran éxito en su país

ELENA HEVIA
BARCELONA

La literatura nórdica se revela multifuncional, capaz de producir novela negra, gran literatura sin más adjetivos y también ese tipo de ficciones capaces de conectar con un número amplio de lectores. La última en llegar es la finlandesa Emmi Itäranta (Tampere, 1976), que viene arropada por un gran éxito de ventas en su país, en una comunidad de cinco millones de habitantes con tan solo medio año de luz solar y muchas ansias lectoras. La novela La memoria del agua (Ediciones B) es una distopía (ya saben, un mundo no muy alejado de este, creado por la imaginación y donde no apetece mucho vivir) e intenta seguir la estela de esa ciencia ficción especulativa por la que circulan algunos autores como Margaret Atwood, Ursula K. Le Guin y el Nunca me abandones de Kazuo Ishiguro, que son sus confesos libros de cabecera. La primera sorprendida con el éxito alcanzado es Itäranta, que ha pasado por Barcelona de regreso de Nueva York, donde Harper Collins le acaba de dispensar un sonado lanzamiento para el mundo anglosajón.

La escritora, que en la actualidad trabaja en la Universidad de Kent como oficinista, se trasladó en el 2008 al Reino Unido para hacer un máster de escritura creativa. El fruto ha sido esta novela que empezó con la idea de combinar dos intereses bien distintos, su curiosidad por la ceremonia japonesa del té y las ganas de alertar sobre el cambio climático.

Ataque de nostalgia

Por que sí, en esta distopía futurista el mundo ha quedado asolado por una sequía y el agua se ha convertido en un bien al alcance de muy pocos y la joven protagonista, de nombre japonés, Noria Kaitio, apenas llegada a la mayoría de edad, es una de las pocas que conoce la ubicación de las escasas fuentes todavía existentes. «Escribí este libro en Inglaterra, lejos de mi país, y lo ambienté allí, un poco por añoranza pero sobre todo porque Finlandia, con sus miles de lagos, es uno de los países con un mayor recurso de agua potable». De hecho, la autora viene a la entrevista con un paisaje estampado en el vestido que muy bien podrían ser bosques escandinavos. «Me lo compré en Inglaterra pero lo hice porque me recordó Finlandia».

La conciencia ecologista forma parte de su carácter identitario. No se comprende a un finés sin ella. «Me he criado en plena naturaleza. En Finlandia siempre tienes un bosque a mano, porque es un país con bastante territorio pero muy despoblado. Mis padres me trasmitieron el amor por nuestro entorno de una forma natural, sin sermones». A la escritora le preocupa que exista una cierta laxitud de las naciones con respecto a la responsabilidad por el medioambiente: «Cada día estamos viendo las pruebas tangibles de que el cambio climático se está produciendo, como esas inundaciones que azotaron Reino Unido a principios de año. No es algo abstracto».

Que la protagonista sea una mujer enfrentada al trance del paso de la adolescencia a la edad adulta le parece algo crucial, no solo porque es el tipo de historia que le gusta leer en los libros de los demás  -«me fascina el proceso de convertirte en un adulto que es distinto en cada persona»- sino porque ha querido vincular la experiencia de hacerse mayor, de adquirir responsabilidades, con esa conciencia medioambiental que tanto le preocupa.

Itäranta ha pasado la primera prueba de los lectores, pero sabe muy bien que solo tu segunda novela es la que te convierte en escritora. «Porque demuestra que tienes la capacidad profesional de repetirlo». Así que ahora está manos a la obra y, por qué no decirlo, con un significativo miedo ante la presión de esa nueva ficción que no será una continuación de esta. «Será algo independiente, con algunos elementos fantásticos. Sin embargo, no descarto la idea de volver a este mundo sumido en la sequía porque permite muchas más historias».

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