22 sep 2020

Ir a contenido

El autor de 'Los príncipes valientes¿ reescribe su primer libro, el sarcástico 'Catalanes todos¿

Javier Pérez Andújar «Aquí falta humor, cintura y altura de miras»

ERNEST ALÓS
BARCELONA

Javier Pérez Andújar (Sant Adrià, 1965) empezó su carrera literaria en el año 2002 con Catalanes todos, una visión disparatada de las 15 visitas de Franco a Catalunya. Al cabo de 12 años la ha reescrito a fondo, hasta convertirla en una novela rebosante de juegos de palabras y de humor esperpéntico sobre los catalanes de Franco -el cojo que suplica poder fusilar en el Camp de la Bota, el superviviente de una checa que desarrolla una repugnante perversión relacionada con los urinarios, la viuda de excombatiente reconvertida en pujolista-, que acaban sumándose a la manifestación por el Estatut de 1977 y mirando con distancia a sus nietos  en la Via Catalana. Y de propina, La dimisión, un vodevil con Suárez y el Rey como protagonistas. Pero, en los últimos días, Pérez Andújar no ha estado solo de actualidad por su libro.

-Ha recibido por todas partes por su artículo sobre los sindicatos y Òmnium, en el que identificaba a esta entidad con la oligarquía local.

-Ya. Leí la réplica de Culla, pero no estoy de acuerdo con su argumentación. Dije que eran descendientes de los representantes de la oligarquía, ni siquiera que lo fueran. El artículo se leyó con muchos prejuicios. Se  ha dado por sobreentendido algo que nunca he dicho, que estoy en contra del proceso. A mí ni me va ni me viene. Hay gente a la que entiendo, y nunca les pondría la zancadilla para que no llegaran. Pero yo sentimentalmente tengo derecho a no estar involucrado, faltaría más. Me da miedo no lo que la gente quiere, sino la gente que se ha puesto a trabajar. No entienden que si no estás con ellos no quiere decir que estés en contra. Yo estoy solo conmigo.

-Pero en Twitter hubo sangre...

-Respecto al ruido de las redes sociales: no les hago caso porque las uso y sé de qué van. En realidad no representan lo que pasa en la calle. Escribir en el Twitter es como cuando ibas al bar de tu barrio o al bar de la facultad y alguien, que podía ser un brillante estudiante, escribía una grosería en la puerta del baño. Twitter son las cloacas de la persona, pero no las cloacas de la vida, porque la vida es más limpia. Que, con la falta de compromiso que da el anonimato, la gente se lance a decir según qué cosas no tiene mayor relevancia.

-¿Pero la oligarquía de verdad no son más bien esos empresarios que hacen lobi por las terceras vías o...?

-Y la foto de Ciutadans en el Círculo Ecuestre… Es un discurso muy matizable. Por esto es un debate, porque hay muchos puntos de vista que constrastar. Hay muchas oligarquías en cada estrato social, pero tienden a serlo absolutamente, y ahora hay una lucha entre oligarquías. Ese es mi punto de vista. Pero la gente se ha acostumbrado a responder desacreditando, insultando personalmente, en lugar de llevar el diálogo más lejos. Yo hablaba de dos símbolos que se atribuyen cada una la pureza. Los sindicatos, la proletaria; Òmnium, la de cierto catalanismo. Y se atribuyen por extensión a toda la clase obrera y a todo el catalanismo. Si metes el dedo en la llaga de su supuesta pureza, es normal que se revuelvan. Pero esa es la función del escritor, meter los dedos en la llaga.

-Hablemos del libro. ¿Por qué lo reescribe, y cuánto lo ha modificado?

-Lo reescribo por respeto a mi lector. Mi editor me propuso recuperar esta novela, que ahora parecía oportuna. Y he querido que sea oportuna pero no oportunista. Por eso no quise salir por Sant Jordi y decidí reescribirlo, pero siendo más fiel al libro que a lo que soy yo ahora. En 12 años he aprendido y lo reescribí de diálogos, de profundidad psicológica de los personajes, con 100 folios añadidos, pero no toqué la estructura. Lo que yo quería era sacar un libro de humor sobre el tema. Para relativizar. Porque se está haciendo todo de una manera tan desaforada que te puede dar miedo o risa, y a mí me da risa. Creo que aquí falta cintura, humor, juego limpio, altitud de miras, generosidad y buena disposición, y sobra victimismo. .

-Hablando de la vía, de la manifestación del milió y del 26 de enero de 1939. Un personaje dice que la gente va a los sitios porque quiere vivir su época. ¿Vale para los tres casos?

-Esa es exactamente la intención de esa frase. La gente sale a la calle porque quiere vivir su tiempo. La época sensibiliza a la gente y la gente hace la época. Eso no quiere decir que sean títeres, al contrario. Si la gente sale en masa para defender una opción es porque siente que tiene que hacerlo. Puedo separarme de ella y describirla. Pero yo no la juzgo.

-¿Encuentra una satisfacción un poco sádica en ir reproduciendo, a partir de notas de sociedad, los apellidos de las grandes familias de la alta sociedad de los 50, para que veamos de dónde viene según quién?

-Hay un sadismo, vale. Yo compré la colección de los años 40 y 50 de Hola y empecé a hojearlas. Ese es el origen de la novela. Pero son la decoración.

-Aparecen los Vidal-Quadras, Salisachs, Trías, Milà, Godó, Sentís, Suqué, Mateu, Rivière… Hay más apellidos de estos en el ámbito digamos unionista o en la CiU menos soberanista que en la Via Catalana, ¿no?

-En 12 años, desde que lo escribí, las cosas han cambiado. Entonces el proceso no existía, y ahora el territorio político se ha redistribuido. Ahora son los descendientes de descendientes. Y no les podemos negar la catalanidad.

-Bueno, aquí lo de los ocho apellidos no funciona así…

-A mí me preguntan, o más bien lo dan por supuesto, si soy charnego. Yo me sentía de aquí, normal. A la gente la analizo económicamente, sé la pasta que tienen, a qué la dedican y cómo les va en la vida. Por ahí, sí. No me he sentido identitario de nada, ni de ser de Sant Adrià. La geografía la puedes cuestionar intelectualmente, pero es más difícil ser más libre de tu origen social, económico. Contra eso tienes que luchar. Por eso nunca me sentido ni charnego ni catalán. Y español… en la mili vi lo esencial del patriotismo y me quedó claro que no sería patriota nunca.

-Pero dice que sobre todo ha querido escribir un libro de humor.

-Si, y seguido de una comedia. Vas escarbando y vas viendo quién eres. Una capa lírica, poética, y escribes Los príncipes valientes, vas más abajo y sacas tu vena política, pero sigues escarbando y cuando llegas a la esencia, te das cuenta de que te encantaba reírte: Jardiel, los hermanos Marx, Tamariz, Abbott y Costello. Mi última capa freática es el humor. Quiero sacar al humorista que llevó dentro. Me encanta provocar, soy un payaso en toda regla.