El adiós al nobel colombiano

El éxito por sombrero

De la sesión de fotos que Colita hizo a Gabo surgieron imágenes que hoy son iconos

García Márquez, con un ejemplar de ’Cien años de soledad’ en la cabeza, retratado en Barcelona en 1969.

García Márquez, con un ejemplar de ’Cien años de soledad’ en la cabeza, retratado en Barcelona en 1969. / COLITA

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MÒNICA TUDELA
BARCELONA

No recuerda muy bien Colita cómo le cayó en las manos el encargo de retratar a Gabriel García Márquez, pero de esa sesión salió una de las fotos más recordadas del brillante escritor. «No sé si alguien me pasó el trabajo, o me lo pidieron directamente. Lo que no se me olvida es que con Gabriel lo pasamos divinamente», cuenta. «Era 1969 y por aquel entonces yo no tenía estudio, así que le pedí al fotógrafo Oriol Maspons, que era mi amigo, que me dejara el suyo», añade. Y así fue.

«Recuerdo que lo primero que Gabo me preguntó fue: '¿Qué me pongo para las fotos?'. Yo le dije que viniera con la ropa con la que se sintiera cómodo, con la que él se pusiera normalmente para trabajar», relata. Y el escritor se presentó en el estudio con un mono de trabajo azul, de esos que suelen utilizar los electricistas o los carpinteros. «Me contó que él se lo ponía  para escribir. Recuerdo que le llamava overol, (del inglés overall, mono de trabajo). Y así nos pusimos manos a la obra», cuenta.

«García Márquez vino a hacerse las fotos con su mujer, a la que todos llamábamos la Gaba, y fue una sesión de estudio muy amplia de la que, además de la famosa foto del libro salieron otras muchas imágenes, entre ellas una de Gabo sonriente con un casco de obrero», explica.

 

Pero, ¿cómo acabó García Márquez con el libro de Cien años de soledad en la cabeza? «Estábamos hablando de muchas cosas y recuerdo que le dije: 'Menudo éxito te espera con esta novela. Es un libro maravilloso'. Y él se la puso en la cabeza. Fue algo muy natural y no puso ninguna pega en hacerlo».

 

Se reía y hacía reír

 

«Le recuerdo como un hombre encantador, con mucho sentido del humor, con el que se estaba muy a gusto haciendo fotos y que se prestaba a todo, no como con otros famosos que se piensan que son quién sabe qué», dice Colita.

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Lo curioso, cuenta la fotógrafa, es que de ese día en el estudio de Oriol Maspons salieron muchas fotos y las que luego se aprovecharon para promocionar el trabajo de García Márquez no fueron ni la del libro en la cabeza ni la del casco de obrero, pese a que esas han pasado a la historia como las más recordadas.

La fotógrafa recuerda a Gabriel García Márquez como un hombre «de la broma, que se reía y hacía reír, que te vacilaba, con el que se podía hablar de todo y de buen carácter». En la época en que García Márquez vivió en Barcelona, Colita y el escritor se encontraban con frecuencia en la discoteca Bocaccio, en fiestas y en presentaciones de libros. «¡Éramos de los que estábamos en todos los fregaos de la ciudad, vamos! Éramos amigos y nos divertíamos. Con él eso era muy fácil», resume Colita.