Adiós a un protagonista de las vanguardias artísticas en Catalunya

El escultor de Barcelona

Josep Maria Subirachs, cuyo polémico trabajo en la Sagrada Familia culminó su obra, muere a los 87 años

El artista renovó en los 50 la escultura sembrando de piezas abstractas las calles de la capital catalana

Subirachs observa, en 1993, una escultura suya en la Sagrada Familia.

Subirachs observa, en 1993, una escultura suya en la Sagrada Familia. / SANTIAGO BARTOLOMÉ

3
Se lee en minutos
ANNA ABELLA
BARCELONA

Fue en 1986 cuando el pintor, escultor y grabador Josep Maria Subirachs, ya en su madurez artística, aceptó el proyecto que marcaría su vida y en el que invertiría dos décadas: el diseño y la escultura de la fachada de la Pasión de la Sagrada Família. Asumió el titánico, discutido y polémico reto de continuar la obra inacabada de Antoni Gaudí pero puso dos  condiciones: vivir en el mismo templo, en una modesta vivienda-estudio que le serviría como lugar de trabajo -como en su día hizo el arquitecto modernista-, y que no se le impusiera un estilo determinado y tuviera total libertad. Fallecido ayer a los 87 años, tras una larga enfermedad neurodegenerativa, Subirachs (Barcelona, 1927) fue fiel a sí mismo e imprimió su vanguardista huella escultórica en las más de 100 figuras esculpidas en piedra y en las cuatro puertas de bronce de la fachada de la Gloria, donde relató, recuperando el expresionismo figurativo, el dramático calvario y la muerte de Jesús.

Pero, como afirmaba ayer el crítico de arte Daniel Giralt-Miracle, la contribución de Subirachs, «el escultor más importante de la segunda mitad del siglo XX en Catalunya», al templo gaudidiano, aunque representó la culminación de su carrera, no fue su obra más trascendental. Su verdadera importancia, recordó, radica en «que protagonizó el tránsito del noucentisme y el clasicismo mediterráneo de la primera mitad de siglo hacia la abstracción, renovando la escultura entre los 50 y los 70 y siendo el primero en llenar las calles de Barcelona de obras abstractas».

La primera en ocupar un espacio público, en 1957 y en la entrada de las Llars Mundet, fue Forma 212. Le seguirían Evocación marinera (1958), en la Barceloneta; Las tablas de la ley (1959), friso de la entrada de la facultad de Derecho; el monumento a Narcís Monturiol (1963) de la Diagonal; el de Francesc Macià en la plaza de Catalunya (1991), y hasta una setentena de obras, con las que cualquier ciudadano se cruza a diario ignorando quien las creó. En hierro, piedra, bronce, cobre, hormigón, gres, madera... llevan la firma de Subirachs, por ejemplo, las barandillas con las letras p y b de los accesos a los Párkings Barcelona del paseo de Gràcia (1967), el friso de la estación de Sants (1979, ahora en el museo del Ferrocarril), la esfera del edificio de Planeta (1976), el pomo de la puerta de General Óptica de la calle Provença (1966) o el bloque de granito rojo a la puerta de la Torre Urquinaona (1973).

Hombre introvertido, muy escrupuloso, disciplinado, estricto y riguroso en su trabajo, exigente consigo mismo, según sus conocidos, no modificó su estilo a pesar de que le dolieron mucho las críticas a su obra en la Sagrada Família, incluida la manifestación de 1990, en la que participaron colegas suyos y con lemas lamentando que ya no quedaran tranvías, en alusión a la trágica muerte de su admirado Gaudí, aunque de él confesó, en una entrevista a este diario hace 13 años, que no le gustaba demasiado la fachada del Nacimiento. «Dentro de 20 años no habrá discusión. La historia acabará reconociendo su importancia y su aportación», afirmó Giralt-Miracle.

Noticias relacionadas

ORIGEN HUMILDE / Hijo de un obrero del Poblenou, estudió Bellas Artes pero la precariedad familiar le impidió cursar Arquitectura. En los 40 fue aprendiz de los noucentistes Enric Monjo y Enric Casanovas y aterrizó en París con una beca, donde se entusiasmó con las vanguardias artísticas, especialmente con el escultor británico Henry Moore, influencia que se trajo consigo de vuelta a Catalunya, tras vivir en Bélgica de 1954 a 1956 invitado por el pintor Luc Peire.

Caballero de la Orden de las Artes y las Letras de Francia y distinguido con la Creu de Sant Jordi y la Medalla de Oro al Mérito de las Bellas Artes, el escultor, cuya obra ha llegado a los Juegos Olímpicos de México y Seúl, a León (santuario de la Virgen del Camino) y Tenerife, a Dallas y Amberes, no ha llegado a ver sin embargo un museo con su nombre. La crisis paralizó el proyectado Espai Subirachs, impulsado por la Fundación Caixa Penedès. El artista será incinerado en una ceremonia íntima, aunque su estudio de Regomir, 13, acogerá hoy un libro de condolencias.