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EL ESCRITOR VALENCIANO PRESENTA 'LA CINQUENA PLANTA'

42 días como una piedra pensante

Manuel Baixauli narra la parálisis que sufrió en el 2005

ERNEST ALÓS / BARCELONA

En febrero del 2005, una semana después de acabar su novela L'home manuscrit, el pintor y escritor valenciano Manuel Baixauli empezó a notar un hormigueo en los pies. La parálisis avanzó rápidamente. «Al cabo de cinco días me había convertido en una piedra, lo único que me funcionaba era el cerebro, con una lucidez mortificante», explicaba esta semana Baixauli en la presentación de La cinquena planta, el libro que surgió de la experiencia, el síndrome de Guillain-Barré, que lo dejó paralizado, sin otra vía de comunicación que el movimiento de los párpados, durante 42 días «infinitos».

Tras recuperarse de la crisis pudo ver publicado L'home manuscrit, premio Mallorca y de la Crítica, y años después, los cuentos de Espiral. «De la enfermedad, aunque me había recuperado completamente, no quería ni hablar. A menudo de noche sufría pesadillas en las que volvía a estar paralizado y no me podía comunicar». Solo cinco años después de la crisis, mucho después de los primeros momentos de «euforia de quien se ha visto en el ataúd y al final ha podido salir de él», en los que la único que quería era «vivir como si fuese un regalo» y disfrutar de la felicidad en cosas tan simples como respirar por sí solo y beber un vaso de agua, empezó Baixauli a escribir sobre lo que le sucedió.

Escribió de «imágenes obsesivas» que le seguían repitiendo, «imágenes huidizas, fantasmagóricas, aparentemente inconexas» de aquellos días en los que oía hablar a los médicos como si él no estuviera delante, y en el que sentía el dolor de la inmovilidad («querrías que te movieran cada 10 minutos, pero lo hacían cada tres horas»). Aunque no se trata exactamente, dice, «ni una crónica ni unas memorias», sino del reflejo de las imágenes obsesivas que le regresaban a la mente. «No es un libro que he escrito, es un libro que me ha sucedido -añade-. Una historia totalmente verídica que me he inventado». Que escribió de manera impulsiva inicialmente y que tuvo que estructurar con muchos esfuerzos y en distintas formas, «de dietario, de cuentos, de aforismos, de dibujos y de fotografías». Baixauli recuerda cosas que suceden en una dimensión inaccesible por los medios habituales. Como la quinta planta del título, el último piso del antiguo sanatorio antituberculoso de la Serra Calderona donde hizo la rehabilitación, cerrado, con las persianas bajadas, en el que no paraba el ascensor y del que Baixauli sigue sin saber qué contenía.

IMÁGENES MENTALES / ¿Fue la escritura de La cinquena planta terapéutica? Aquí se pone en marcha la máquina de construir imágenes mentales de Baixauli, la misma que en sus libros. «La literatura y el arte en general tienen mucho de paraguas. Los artistas tomamos cosas que ya existen e imaginamos objetos nuevos con ellos: fabricamos paraguas para la vida».

A pesar de los ataques a la lengua catalana en Valencia («tengo la sensación de que alguien se me mete dentro de casa y me patea; a mí no se me ocurriría entrar en la casa de otro y prohibirle que escuche una emisora»), el escritor de Sueca, que ha superado su tecnofobia para poderse escuchar radio en catalán con una tableta, sostiene que este tipo de actitudes «generan una reacción», por lo que ahora hay por primera vez en mucho tiempo «mucha esperanza en que haya un cambio».

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