Estreno: 20 de diciembre

Fuera de juego Futbolín Juan José Campanella

Fuera de juego Futbolín Juan José  Campanella
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por N. S.

En su primera incursión en el cine de animación, Juan José Campanella no tiene reparos a la hora de dejar claro cuánto le inspiran los estudios Pixar: como la trilogía Toy Story, Futbolín toma objetos inanimados que cobran vida como premisa -además, al menos dos de sus secuencias parecen copiadas de la tercera entrega de la saga-; de Cars (2006), Campanella recicla el canto a la vida en las pequeñas comunidades; de Ratatouille (2007), toma varios detalles argumentales, y de todo el catálogo Pixar en general recupera un mensaje: la importancia del juego en equipo. Lo que no reproduce de su modelo es la habilidad narrativa.

Porque Futbolín transcurre a trompicones, empujada más por la necesidad de Campanella de hacer avanzar la historia y trufarla de situaciones climáticas sin justificación que por la lógica del relato. Subtramas y personajes son lanzados al centro de la acción de forma súbita y precipitada como si fueran balones chutados al área a la desesperada, y nunca desarrollados. Funcionan como excusas para que el director despliegue su sentimentalismo habitual -esa figura de metal que cobra vida tras ser bañada por una lágrima- y, sobre todo, su dudosa ideología.

Y es que, como casi todo el cine previo del argentino, Futbolín por un lado ensalza el valor de las vidas anodinas y la aceptación resignada de la mediocridad, mientras que por otro muestra cierta añoranza pacata de un pasado mejor. Evocando Luna de Avellaneda (2004) -tal vez la peor de sus obras previas-, plantea una maniquea oposición entre pueblerinos honrados y mezquinos negociantes que refleja un rechazo al mundo y la economía modernos. Que su película haya costado 20 millones de dólares, cifra récord en la cinematografía de su país, no parece plantearle conflicto alguno.

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