19 sep 2020

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entrevista con el cineasta

Juan Cavestany: «Todas las películas son sobre gente en sitios»

NANDO SALVÀ / Madrid

Tras codirigir El asombroso mundo de Borjamari y Pocholo (2004) y firmar en solitario la comedia negrísima Gente de mala calidad (2008), Juan Cavestany decidió convertirse en outsider del cine español. La falta de dinero y la libertad creativa han sido sus estímulos para crear Dispongo de barcos (2010), El señor (2012) y, ahora, Gente en sitios, colección de viñetas absurdas y surrealistas, sin hilo conductor pero con una continuidad -aunque peculiar-, por la que, a pesar del presupuesto cero, transitan Eduard Fernández, Raúl Arévalo, Adriana Ugarte, Maribel Verdú, Antonio de la Torre, Santiago Segura y Coque Malla, entre otros.

-¿Es Gente en sitios cine experimental?

 

-Yo creo que sí. Y al mismo tiempo es apta para cualquiera, una película de autor completamente abierta y disfrutable por todo el mundo. En realidad, todas las películas son sobre gente en sitios. En ese sentido la mía también es comparable con Lo imposible, porque ambas son sobre unas personas que están en un sitio y a las que les pasa algo.

-Nominalmente es una comedia aunque deja mal cuerpo. ¿Era la intención?

-No. Desprecio las películas que se proponen solo dejar mal cuerpo. Yo simplemente intento montar situaciones o escenas que remiten a pequeñas ideas reconocibles sobre el mundo. Trato de ser humilde y a la vez aportar algo que sea claro, aunque a veces las cosas son tan claras que parecen confusas.

-¿Podríamos definirla como un retrato de la sociedad española, o de un estado de ánimo imperante en ella?

 

-Es cierto que en parte recoge muy directamente algo del momento actual de España, pero yo la veo menos coyuntural. Habla de cosas atemporales, como el estado de ánimo de un ser humano estancado en un eterno momento de crisis.

-Cuando contempla usted al género humano, ¿lo ve más bien blanco o más bien negro?

 

-Tal vez la película invita a este tipo de cuestiones, pero no me siento autorizado a hablar de filosofía. A diario veo la crueldad, la violencia, la mentira y a seres despreciables por la tele y por internet. Pero también veo a gente frágil sobreviviendo, a personas normales íntegras que cuidan de sus hijos, que hacen cosas buenas y no roban. Este segundo grupo es el más atribulado, el que peor lo pasa y más peligro corre en el sistema en el que vivimos.

-¿Hasta qué punto es el cómico Louis C.K. una influencia para usted?

 

-Es un tipo al cual sigo hace dos o tres años, me veo reflejado en él y pienso que habla sobre mí (y sobre millones de personas más, claro). Me parece un genio y me reconcilia con la imperfección y la soledad en la vida, es capaz de hacer humor bueno sobre eso y sobre grietas muy profundas de la persona.

-Rodó su anterior película, El señor (2012), en solitario con un actor y dos secundarios, y en Gente en sitios aparecen 80 actores. ¿Fue una reacción?

 

-Sin duda. Fue pasar de un proceso de trabajo muy solitario a otro lleno de voces, llamadas, viajes, etcétera He dejado que entrara un poco de aire en un espacio oscuro, pero la soledad lo sigue dominando todo.

-Las tres películas que ha hecho tras de Gente de mala calidad (2008) son minimalistas, al menos en términos de producción. ¿A qué atiende este rumbo?

 

-Atiende a un momento de mi vida profesional que es muy disperso e irregular. Me gustaría trabajar con más medios, claro, esto no es un alegato ni una reivindicación, aunque Gente en sitios no podría haberse hecho de ninguna otra manera.

-¿Qué opina de la etiqueta cine low cost, recientemente popularizada? ¿No cree que pretende convertir lo financiero en artístico?

 

-Cine hecho sin financiación o con poca financiación se ha hecho siempre. Hablar de las películas en términos de lo que han costado o de su taquilla es un virus maligno inoculado en los años 90 por la industria de Hollywood. Creo que habría que pensar en las películas sobre todo por lo que significan en un momento dado y también a largo plazo.