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CRÓNICA

Rock retorcido y explosivo

Foals arrasaron en Razzmatazz con los temas de 'Holy fire'

JUAN MANUEL FREIRE
BARCELONA

¿Puede ser un grupo a la vez matizado y grandioso? ¿Intrincado a la vez que eficiente como una bola de demolición? Sí, el rock artístico de estadio es posible. Y un buen ejemplo son los británicos Foals, quienes en solo cinco años han acumulado un notable club de fans que, el pasado domingo, agotó las localidades de la sala Razzmatazz.

Banda de mentalidad abierta, Foals no tienen problema en mezclar ritmos intrincados de herencia afro y detalles electrónicos con los tics más conocidos del rock que aspira a conquistar grandes espacios. El reciente Holy fire (2013), como el concierto del domingo, empieza en un largo, atmosférico, épico Prelude.

Su música es cerebral a la par que física, pero todavía más lo segundo. Suenan las guitarras afro de Blue blood y es imposible mantenerse quieto, en gran parte por el perfecto bajo de Walter Gervers. Blue blood es uno de los hitos de su segundo disco, Total life forever (2010), superior a un debut, Antidotes (2008), del que recuperaron Olympic airwaves justamente después.

CONVULSIÓN / Material infeccioso, aunque lo mejor aún estaba por llegar. Su reciente single My number es un cohete funk-rock que muestra al grupo en su fase más directa e inspirada. «No tienes mi número / Y ahora no nos necesitamos el uno al otro», cantan en la que parece la mejor canción para superar una ruptura jamás compuesta. Éxtasis bailable para corear y levantar puños al aire (que no apuntar con el codo al vecino, hagan el favor).

Las actuaciones de Foals son famosas por la convulsión tanto encima como debajo del escenario, y por si la música no era bastante para agitar al público, Yannis Philippakis ofreció un par de muestras de atrevimiento atlético, primero lanzándose al foso a la altura de Providence, y después, durante Electric bloom, subiéndose a la planta de arriba cual Peter Parker para luego lanzarse sobre el gentío. «Es solo otro hospital», dice el estribillo de Electric bloom. Y Yannis pudo acabar en uno.

Completaron la noche Everything Everything, que como Foals combinan el empuje melódico con las imbricaciones del rock matemático. En la estupenda Radiant son el cruce inesperado entre Coldplay y Dirty Projectors (esa guitarra tintineante). Ya cuentan con no pocos fans, como se desprendió del clamor al final de cada tema. Más que unos teloneros, la mitad del cartel.

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