24 nov 2020

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testigo directo

Las miserias de un periodismo de cine

El 'boom' de medios especializados y el miedo a la piratería han hecho que las entrevistas a directores de cine y actores sean una odisea, especialmente si hablamos de los grandes estudios de EEUU

OLGA PEREDA

Antes de empezar a leer esta información debe grabar a fuego dos palabras: 'talent' y 'junket'. En el periodismo cinematográfico estás muerto si no conoces ambos vocablos. El primero se refiere a las estrellas que están promocionando su película. El segundo es el término que se usa para las entrevistas. Llamamos entrevistas (perdón, 'junket') a todo acto en el que un periodista pone su grabadora delante de un actor, director o productor (perdón, 'talent'). Pero que conste que ese acto puede ser inferior a los tres minutos. Entrevistas de tres minutos. Sí, existen. Se cronometran y todo. Sabiendo eso, puede usted empezar a sospechar cuando escuche decir a algún periodista eso de "entrevisté a Fulano y Mengano y terminé yéndome de copas con ellos". Sospeche. Es muy posible que esa frase sea producto de la imaginación o, en el mejor de los casos, de la exageración.

En el periodismo cinematográfico todo empieza cuando los periodistas acreditados ven la película. Surgen las primeras tensiones. Si hablamos de 'majors' (los grandes estudios de EEUU) que nadie se extrañe si a los informadores se les requisa el móvil. La medida puede parecer marciana, pero es una orden directa, expresa y firme de la distribuidora del filme en EEUU. El miedo a la piratería hace que las'majors' se crispen y desconfíen hasta de los periodistas. Sobre todo, cuando la película no se ha estrenado en ningún país, como sucedió la semana pasada con 'Los juegos de Ender', con Harrison Ford y Ben Kingsley de protagonistas. Requisar los móviles (que no es tan habitual si el filme ya se ha estrenado en alguna parte del mundo) es caro. La distribuidora tiene que contratar a una empresa (hay dos en España) para que lo haga. Se les haya quitado o no el móvil, una vez los periodistas están sentados en sus butacas son observados por varios agentes de seguridad que, gracias a unas gafas de infrarrojos, comprueban que ninguno intenta piratear. Pobre del 'plumilla' que se levante y saque su teléfono para contestar una llamada, aunque sea con un susurro. El agente de las gafas (que suele pertenecer a la misma empresa que requisa los móviles) acostumbra a dar unos segundos de cortesía. Después, invita al reportero a salir de la sala si quiere seguir al teléfono.

ANTES DE DEJAR EL MÓVIL a unas amables azafatas y antes de ver la película con un amable agente que te observa en la oscuridad, hay otro paso fundamental en la agenda de todo informador cinematográfico: firmar un embargo. Aquí no se embargan casas, pero sí las opiniones sobre las películas. Y, una vez más, responde a estrictas directrices de EEUU. Si no hay carta de embargo firmada no hay posibilidad de ver el filme. Con su rúbrica (ha llegado un momento en el que los periodistas las echan al tuntún sin saber ni qué dice la carta) el abajo firmante se compromete a no publicar en su medio de comunicación ni en su perfil de Twitter u otras redes sociales hasta una determinada fecha (normalmente, cercana al estreno del filme) opinión alguna sobre la película que está a punto de ver. Rizando el rizo, algunas cartas de embargo especifican no solo el día sino la hora a la que se levanta el veto, como pasó con Futbolín (Juan José Campanella) y 'Las brujas de Zugarramurdi' (Álex de la Iglesia). Ambas se vieron en el Festival de San Sebastián, pero hubo proyecciones previas en Madrid para facilitar el trabajo a los periodistas. Curioso (e ineficaz) lo de firmar tanto embargo teniendo en cuenta que 'Futbolín' estaba en cartel en Argentina y las reseñas se podían leer en cualquier medio de comunicación de allí. Es decir, uno no podía tuitear su opinión de la cinta, pero sí enlazar en las redes sociales una crítica de un medio argentino. Las brujas de Zugarramurdi no se había estrenado, pero se había programado en el festival de Toronto, donde varios periodistas españoles la vieron y tuitearon lo que les pareció. Ellos sí. Pero nosotros no. ¿Alguien le encuentra algún sentido? No. Y los primeros, los periodistas. Pero, a pesar de los conatos de revolución que ha habido, no hay manera de rebelarse. "Son órdenes de EEUU", es siempre la excusa de la distribuidora.

Una vez vista la película y firmado el embargo, viene la otra gran etapa del periodismo cinematográfico: el 'junket' con los 'talents'. Si la visita del equipo de la película a España se produce con mucha antelación al estreno del filme, lo más probable es que la distribuidora te obligue a firmar otro embargo que te compromete a no publicar en tu medio de comunicación la entrevista hasta la fecha que ellos ordenen y que coincide con el estreno. ¿Qué pasa si alguien se salta el embargo? Normalmente nada, más allá de la protesta de los pobres plumillas que sí respetan las normas y ven cómo otros no lo hacen. Pero la semana pasada un importante diario español se saltó el embargo de las entrevistas con el equipo de 'Los juegos de Ender' (la de Harrison Ford y Ben Kingsely). La distribuidora anunció un duro castigo: ese medio de comunicación quedará vetado en próximos 'junkets' y se le retirará la publicidad. Es la primera vez que se toman medidas de tal calibre. Veremos, en todo caso, si se cumplen.

RECORDEMOS QUE EN EL PERIODISMO cinematográfico se llama entrevista a todo acto de encender la grabadora. Esta es la realidad: siete u ocho periodistas se sientan con el talent y disponen de unos 20 minutos para hacer preguntas. Parece mucho tiempo, pero entre la traducción al castellano y la cantidad de informadores que hay con suerte te da tiempo para hacer una pregunta. No siempre es así. Pero en muchas ocasiones, sí. El boom de las webs de cine y los blogs ha hecho, además, que cada vez haya más periodistas acreditados. La selección de medios no siempre se hace con criterio periodístico. En el pasado Festival de San Sebastián, dos redactores especializados en cine de dos periódicos vascos compartieron entrevista con Diego Luna (actor y miembro del jurado) con dos hermanas que escriben un blog sobre la ciudad. Mientras el 'talent' hablaba, las blogueras (nerviosas como fans adolescentes) mostraban a su cámara bolsos que ellas mismas habían diseñado. Como colofón sacaron una botella de Txakolí para brindar con Luna. En ese momento, los redactores de los periódicos vascos se levantaron y abandonaron la habitación en señal de protesta por la falta de profesionalidad.

Si en lugar de Diego Luna habláramos, por ejemplo, de Hugh Jackman, esa escena hubiera sido imposible. La distribuidora de la película 'Prisioneros', que el actor australiano promocionó en San Sebastián, envió a toda la prensa acreditada para participar en el 'junket' un correo electrónico recordando la nula posibilidad de "solicitar saludos personalizados, realizar preguntas personales, ofrecer regalos o pedir autógrafos". Bien es cierto que a Jackman tampoco le pudo entrevistar todo el mundo, sino la primera fila de la profesión periodística.

El 'boom' de medios es tal que resulta casi imposible conseguir un 'one on one' (término que describe una entrevista para ti solo, sin necesidad de compartir tu tiempo con otro periodista). Los informadores de cadenas de televisión y webs (tanto las especializadas como las de diarios generalistas) sí suelen tener ese tipo de entrevistas, pero con los minutos cronometrados. Normalmente, unos seis o siete. Pero también hay entrevistas de tres, como sucedió en el 'junket' en Londres por la película 'El consejero', dirigida por Ridley Scott y protagonizada, entre otros, por Javier Bardem y Penélope Cruz. Viajar desde Madrid a Londres para tener tres minutos de entrevista es... Sobran los comentarios.

CLARO QUE SIEMPRE HAY un escenario peor: el de 'sound bites' en la 'red carpet'. Traducimos: puedes viajar a Londres para cubrir el estreno de una película y esperar en la alfombra roja para tener al 'talent' delante de tu cámara durante unos segundos. Literalmente: bocados de sonidos.

No se debe tomar al pie de la letra todo esto. También hay entrevistas (especialmente, en el cine español y europeo) que son una gozada, con una hora por delante con un director o un actor. Para ti solo. Sin embargos ni presiones. Eso sí, lo de irse de copas luego ya es otro cantar.