NUEVA NOVELA DEL AUTOR SEVILLANO

Evasión o escrache

Isaac Rosa encierra en 'La habitación oscura' a un grupo de treintañeros, con la disyuntiva de huir de la realidad o combatirla

El escritor sevillano Isaac Rosa, en una imagen de archivo.

El escritor sevillano Isaac Rosa, en una imagen de archivo. / JUAN MANUEL PRATS

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ERNEST ALÓS / Barcelona

Un grupo de jóvenes que comparten un local descubren de repente, en el transcurso de un apagón, las excitantes posibilidades que ofrece estar agolpado en el interior de un cuarto oscuro. Así que blindan esa habitación y crean rutinas y protocolos para utilizarla, año tras año, como escenario de orgías a ciegas. Pero cuando el mundo exterior les empieza a golpear, ese cuarto acolchado sirve cada vez más como refugio. Con esta metáfora sobre las formas de evasión de la realidad empieza La habitación oscura, la última novela de Isaac Rosa (Sevilla, 1974). «No todos nos construimos una habitación oscura, pero todos nos construimos algún tipo de refugio donde escondernos de la realidad. En la familia, en su círculo más cercano, en el consumo…», enumera Rosa, un cronista de la crisis desde la ficción al igual que lo está siendo, desde otra generación, Rafael Chirbes.

Rosa narra los efectos de la crisis durante los últimos años de una forma original, como un contador inverso. «Comparar la cuenta del banco de hace cinco años y la de ahora, el nivel de vida, los derechos… El balance de pérdidas es muy evidente. Pero el derrumbe principal de nuestra generación, porque en realidad ya no conocimos más que la precariedad, son las expectativas de futuro que dimos por buenas. No contábamos que a estas alturas de nuestra vida estuviéramos así».

Qué hacer

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A medida que el paro y la precariedad empiezan a derrumbar las expectativas de futuro del grupo, entre sesión y sesión de sexo, cada vez más tristes y sucias, al grupo se le plantea una disyuntiva. Encerrarse y consolarse (y sumarse de vez en cuando a alguna manifestación para tranquilizar la conciencia) o movilizarse. En plan blando o con fórmulas de represalia contra directivos de banca más allá de los límites de la ley, que en la novela le sirven a Rosa para abordar un tercer tema, los peligros del uso de la tecnología como herramienta de control del individuo. «En la novela planteo dos tipos de respuesta con los que no estoy satisfecho. Por un lado esconderse y al mismo tiempo participar en un tipo de protesta que más que ingenua yo diría que es inofensiva, si tenemos en cuenta los resultados, y por el otro lado la actitud de quienes deciden romper, están impacientes y pasan a la acción. Eso me permite ampliar la reflexión de la novela: qué formas de resistencia y lucha son válidas y cuáles no, cuáles son las líneas rojas… Yo no creo que sea el momento de encerrarnos en la habitación oscura ni de acciones radicales pero fugaces, creo que es el momento de salir afuera, de salir a la calle y buscar a los otros, de buscar una respuesta colectiva creando una comunidad de verdad».

Aunque cree que hay «brotes verdes» (de contestación), Rosa ha destacado en varios artículos su interés por el proceso de movilización que hubo detrás de las manifestaciones de las diades del 2012 y el 2013. Artículos de aquellos que, dice, hacen que en pocas horas ganes «muchos amigos y muchos enemigos». «Considero admirable -apunta-- que tengan un proyecto, que es algo que aquí no tenemos, ni bueno ni malo. La defensa del derecho a decidir, y ampliarlo a otros terrenos, es el punto en el que puede encontrar comprensión y simpatía. Pedir la independencia no solo de España sino de los poderes económicos».