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CRÓNICA

Audacias en el Mercat de Vic

Maria Coma y Seward estrenaron sus repertorios experimentales en L'Atlàntida

JORDI BIANCIOTTO / Vic

En ausencia de Els Pets, que han suspendido las primeras presentaciones de L'àrea petita por la «crisis de estrés» de Lluís Gavaldà, el programa del viernes por la noche en el Mercat de Música Viva de Vic adquirió un tono más explorador y vanguardista a través de dos de sus propuestas más esperadas: los estrenos de Maria Coma y Seward. Ambos llevaron al auditorio de L'Atlàntida sonidos, texturas y ritmos ubicados más allá de las convenciones del pop.

Maria Coma, la cantante y pianista que se dio a conocer hace cuatro años, tras su paso por u_mä, con canciones de pop encantado y juguetón como Gat, quema etapas a cierta velocidad y Celesta, su tercer disco, que saldrá a la venta el mes que viene, la muestra inmersa en planos sonoros turbios e introspectivos. Canciones no dominadas por su nuevo instrumento, el clavinimbus (que aportó notas difuminadas, impresionistas, en unos pocos momentos del repertorio), sino por el piano.

Celesta, un disco concebido durante su estancia en Berlín, la sitúa en un camino que apunta más hacia la música contemporánea que al pop, con complicidades minimalistas e interferencias de sonido. Una obra que requiere un alto compromiso del oyente por su sutileza y que construye envolventes imágenes hibernales con aisladas dinámicas dramáticas, apuntaladas en sus sofisticados arpegios. A veces, no obstante, puedes pensar que Coma se escucha mucho a si misma, fascinada por su propio reflejo. Presentó ese material con una banda renovada que incluyó al habitual Pau Vallvé (fogosa batería) más la francesa Fanny Roz (teclados), Nico Roig (guitarra) y Marc Barrera (guitarra y bajo electrónico), y la actuación culminó con dos rescates de su segundo disco: Ho sap tot i calla y la poderosa Tots els colors.

ROCK EN TRES DIMENSIONES / En la misma sala, Seward destapó el repertorio de su segunda obra, que espera publicar antes de Navidad. Sí, es ese grupo que, sin web, ni cuenta de Twitter, ni presencia en plataformas de streaming, y con un disco publicado solo en vinilo, se ha abierto las puertas de los circuitos británico y norteamericano. Se estrenó como quinteto con Jordi Matas a la guitarra y un material en el que redobló su apuesta por un rock de extremos y excentricidades (nietos de espíritus libres como Captain Beefheart o Pere Ubu). Menos jazz, más guitarras físicas y un equilibrio preciso de emotividad desbocada y técnica.

En una dirección opuesta, accesible y diáfana, se movió Marina Abad, excantante de Ojos de Brujo, con Marinah y Los Argonautas. Canciones pop con adornos exóticos muy lejanas de la inventiva y el temperamento de los tiempos de Vengue. Y la lisboeta Carmen Souza, con una dotada voz ahumada pero instalada en un repertorio afro-jazz rico en frases hechas. Acentos dispares de un Mercat que cierra hoy sus puertas.

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