la entrevista

Guillermo del Toro: «Mis amigos son los monstruos»

Guillermo del Toro: «Mis amigos son los monstruos»

AP / ITSUO INOUYE

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NANDO SALVÀ

Guillermo Del Toro (Guadalajara, México, 1964) llevaba cinco años sin dirigir una película. En ese tiempo, ha sufrido dos grandes decepciones. En primer lugar, tras permanecer durante meses al frente deEl hobbitfinalmente se vio obligado a abandonar el proyecto. En segundo, trabajó obsesivamente en una adaptación deEn las montañas de la locura, de H.P. Lovecraft, que no salió adelante. Para sacudirse las penas ha dirigidoPacific rim, una aventura que enfrenta a robots gigantes contra enormes criaturas abisales y en la que el mexicano lleva a cabo su particular homenaje al cine japonés de monstruos, elkaiju eiga.

-¿De dónde viene su interés por los kaiju eiga?

-Los amo desde que era un crío. En México, en los 60, la cultura pop japonesa estaba muy presente. Los cines estaban llenos de películaskaiju eigacomoThe war of the gargantuans, y las primeras teleseries anime comoUltraman eran emitidas en televisión. Yo crecí devorando todo eso.

-¿No le asustaban los monstruos?

-Al principio. Soñaba con ellos y me daban tanto miedo que, aunque tuviera que ir al baño, me quedaba agazapado en la cama y me meaba. Pero decidí aliarme con ellos. Desde entonces, los amo. A lo largo de mi vida, me he sentido decepcionado por las instituciones, por la gente, por la industria del cine, pero los monstruos nunca me han fallado. Soy un tipo socialmente inepto, las interacciones no son lo mío. Mis amigos son los monstruos.

-Así se entiende que todas sus películas sean un homenaje a ellos.

-En efecto. En Los Ángeles tengo dos casas: la que uso junto a mi mujer y mis hijos y otra que está llena de mi memorabilia de películas de monstruos. Es allí donde me paso el día después de llevar a los niños al colegio. De todos modos,Pacific rim es también una carta de amor a los robots, mi otra pasión. Cuando hago estas películas no solo lo hago con afecto, sino con pura devoción. El fantástico es mi religión.

-Si alguien compara Pacific rim con Transformers, ¿a usted qué le parece?

-Un error.Pacific rimes lo contrario al panfletismo de las películas de acción. Es unblockbusterde la misma manera queHellboyera cine de superhéroes, va a contracorriente. Evité esa estética de vídeo de reclutamiento del ejército, porque no quise convertir la película en un elogio del militarismo. Ya tenemos demasiados soldados y armas en el mundo. Y desde el principio me dije: 'voy a destrozar coches y edificios, pero no voy a mostrar a la gente muriendo, porque no quiero estropearle la diversión al espectador'. Es cine para toda la familia.

-Aun así, uno de los referentes de la película es El coloso de Goya, un cuadro no precisamente para todos los públicos.

-Eso es cierto. Goya me apasiona, especialmente el oscuro, el tétrico, el más negro. Me inquieta más y me seduce más que muchas películas de terror. Mi cine es producto de las pinturas negras. Diría queEl sueño de la razón produce monstruoses la primera obra que creó el género fantástico en la historia del arte.

-¿En qué medida esPacific rimla película que necesitaba hacer tras los reveses que sufrió con En las montañas de la locura y El hobbit?

-Cuando esos proyectos se cayeron lo pasé muy mal, fue muy duro. Y entonces, de repente, se me concedió una gran libertad para hacer una película hecha a la medida de mi sensibilidad artística. Necesitaba saber si todavía sería capaz de recuperar esa sensación de absoluto gozo que solía tener haciendo cine, que aún podía sentirme como ese niño que coge un robot y un monstruo de juguete y los pone a pelear entre sí. Y lo logré. El niño que llevo dentro sigue vivo.

-Hablando de niños, ¿por qué los niños sin padre están tan presentes en sus películas?

-Creo que la familia es la fuente de todo el placer pero también de todo el terror en nuestras vidas. Toda deficiencia que tenemos en nuestro comportamiento social y personal proviene de un momento que está enraízado en nuestra infancia. Y a mí me encanta explorar la idea de conquistar ese miedo, o al menos de lidiar con él. De ahí han partido mis historias desde que empecé a contarlas.

-Precisamente, este año se cumplen dos décadas desde su primera película, Cronos. Cuando echa la vista atrás, ¿qué ve?

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-Que nunca he mirado el cine de género con cinismo ni nostalgia, sino con una implicación absolutamente romántica. Mis películas están hechas con el corazón en la mano. Yo no hago cine para ganar un Oscar o para reventar la taquilla. Es decir, unos señores me dejan su dinero para que haga una película y yo debo lograr que recuperen su inversión, pero más allá de eso hago lo que me pide el cuerpo. Solo así merece la pena dedicar tres años de tu vida a una película. El cine es como el sexo, no puedes hacerlo sin una erección.