Doble cita musical de altura en Barcelona

Justicia poética para Rodríguez

El redescubierto héroe de 'Searching for Sugar Man' actuó en un Poble Espanyol lleno hasta la bandera

Dos destacadas propuestas de corte folk-rock coincidieron anoche en la ciudad atrayendo a un público amplio: Rodríguez, estrella sobrevenida, en el Poble Espanyol, y los legendarios Crosby, Stills & Nash, en el Festival de Pedralbes.

Sixto Rodríguez, durante su actuación de anoche en el Poble Espanyol.

Sixto Rodríguez, durante su actuación de anoche en el Poble Espanyol. / ELISENDA PONS

3
Se lee en minutos
JUAN MANUEL FREIRE / Barcelona

Si no había tanta gente como en sus exitosos conciertos en Sudáfrica del 98 (ese regreso triunfal a uno de los primeros y escasos países que acogió su música en primer momento), debía acercarse. Un Poble Espanyol con lleno absoluto para presenciar, en vivo y redivivo (así es, las leyendas sobre su muerte se equivocaban), al protagonista deSearching for Sugar Man, el oscarizado documental que ha propiciado un segundo acto (o quinto; ha habido otros amagos derevival) para el hombre que debió triunfar a principios de los años 70, pero no lo hizo. En la película, Rodríguez achaca este escaso éxito a los azares de la industria. También podríamos decir que usualmente no hay justicia en el mundo.

El éxito del concierto, cargado de público expectante, del mexicano-estadounidense en Barcelona fue una prueba, otra, de tardía justicia poética para este artista dotado, bajo la influencia de Bob Dylan, Paul Simon y Neil Young, pero con voz propia de frágil folk-soul. Sus dos únicos discos,Cold fact (1970) y Coming from reality(1971), son clásicos (ya no) perdidos cuyos mejores temas (bueno, noCause) recuperó anoche el artista, junto a una plétora de clásicos ajenos.

Rodríguez asomó en escena flanqueado por dos mujeres que le ayudaron a plantarse delante del micrófono. El glaucoma le está dejando sin visión; a menudo, busca el micro un poco a tientas. Le acompaña una banda propia, al contrario que en otras ocasiones alrededor del mundo donde ha contado con músicos de la ciudad en cuestión. Eso ayuda a que la música suene fluida, cohesionada, elevada sobre todo, en cualquier caso, por la voz sorprendentemente entera de Rodríguez, que consiguió que hasta olvidáramos que en este concierto no sonaran las preciosas cuerdas de las grabaciones.

Arrancó conMalagueña salerosa, canción mexicana de 1947, para después atacar un corte poderoso de su repertorio propio, Climb up on my music,de Coming from reality; con buen trabajo a la guitarra rítmica de un joven compañero de banda. Luego, una de las canciones menos románticas de este conocido romántico:Only good for conversation(«la zorra más fría que conozco», dice de una fémina»). El público, por ahora, se mostraba animado solo a medias, pero todo cambió con los primeros acordes de Crucify your mind. Gritos histéricos, silbidos épicos, el trato habitualmente reservado a las estrellas.

En el apartado de versiones, donde el artista se mostró quizá menos afortunado a nivel vocal, las escogidas esta noche fueron, además de la citadaMalagueña salerosa, los estándaresLove me or leave me, FeveryI only have eyes for you(aquí desafinó bastante, ciertamente),Unchained melodyde Righteous Brothers, Lucille de Little Richard, I'm gonna live till I die de Frank Sinatra… TrasFever, la gente le cantó Feliz cumpleaños:aunque sus brazos musculados sugieran lo contrario, Rodríguez cumple 71 mañana.

Noticias relacionadas

«EL PODER PARA LA GENTE»/ Los mejores momentos, sea como sea, llegaron con la cosecha propia: la peleona Establishment blues; el lúdico I wonder, censurado en Sudáfrica por frases como «me preguntó cuántas veces has practicado sexo», o unas I think of youyForget iten clave íntima. Ya para el bis, decidió electrizar un poco la noche con el rock'n'roll deWhole lotta shakin' goin' on(Jerry Lee Lewis).

«El poder para la gente», pedía al despedirse Rodríguez. Pasados los años, pasadas las pequeñas tragedias, Rodríguez mantiene su espíritu intacto, a todos los niveles. Bastante difícil no adorarle y no sentirse conmovido por el triunfo crepuscular de un artista cuyas canciones, seguramente (y no soloSugar man, también muchas otras), sobrevivirán a todas las posibles modas de temporada. Y serán descubiertas-admiradas por un puñado de generaciones venideras.