25 sep 2020

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Joël Dicker: «Tenía miedo de que el libro se considerara asqueroso»

'La verdad sobre el caso Harry Quebert' fue la sensación en la rentrée literaria francesa del año pasado y acaba de desbancar a Dan Brown del número uno en la lista de más vendidos de EL PERIÓDICO en castellano y catalán

ERNEST ALÓS / Barcelona

`La verdad sobre el caso Harry Quebert¿ fue la sensación en la rentrée literaria francesa del año pasado. Allí vendió 540.000 ejemplares, y ahora la novela de este joven abogado suizo está empezando su camino para convertirse en un `best-seller¿ mundial. En septiembre del 2012 llegaba a las librerías francesas `La verdad sobre el caso Harry Quebert¿ y en octubre, en la Feria de Fráncfort, decenas de editoriales ya se habían dado bofetadas por conseguir los derechos de traducción. Ganó el gran premio de novela de la Academia Francesa y el Goncourt des Lycéens. Su gira para promocionar las traducciones al castellano y al catalán ha sido triunfal y en una semana ha desbancado del número uno de la lista de libros más vendidos de EL PERIÓDICO a Dan Brown

La crítica ha secundado este éxito, con algunas excepciones en Francia. Más allá de las reseñas aguafiestas y de los elogios acríticos que lo comparan con Philip Roth, Enrique de Hériz lo defendió en este diario como un `thriller¿ modélico cuya trama "se aplaudirá y estudiará en los talleres de escritura".

Marcus Goldman es un joven escritor angustiado por repetir su primer y único best-seller. Harry Quebert, un prestigioso novelista que vive, solitario, en una mansión costera de la costa de Nueva Inglaterra, y que ha sido su padrino literario desde la universidad. Nola Kellergan, una chiquilla de 15 años que se enamoró de Quebert, desapareció en 1975 y cuyo cadáver aparece, ahora, enterrado en su jardín. Goldman intentará explicar lo sucedido en su nuevo libro. Quebert resulta que ya lo hizo... Y Joël Dicker es su creador, un abogado suizo al que a sus 28 años le acaricia el éxito a lo grande con la novela que explica la historia (mejor, las novelas, y las historias) de todos ellos, La verdad sobre el caso Harry Quebert (Alfaguara / La Campana).

-El éxito de su protagonista, Marcus, acaba pareciéndose a lo que le ha sucedido a usted. ¡Quién se lo iba a decir!

-Nunca había pensado que tendría un éxito de este tipo cuando escribía el libro. Precisamente procuré que no fuese autobiográfico, tenía mucho miedo de caer en la autoficción. Marcus Goldman tenía que ser completamente distinto de mí. En aquella época yo tenía 22 años, era mi sexto libro y los cincos anteriores habían sido rechazados. Por eso decidí escribir sobre Marcus Goldman, un escritor que consigue un best-seller con su primera novela.

-Entonces todo es aún más paradójico. ¿Está experimentando también la incomodidad de ser adulado, de que los compromisos le distraigan, o la presión de editores y público?

-En realidad no. Tengo la suerte de que mi editor, Bernard de Fallois, me hace trabajar y vigila que no me distraigan la fama y la gloria (eh, esto es una broma). Pero lo cierto es que estoy muy ocupado con la promoción en tantos países. Cada dos o tres días es volver a empezar, preguntarme si tendrá éxito, y esto evita caer en este sentimiento tan peligroso que es la autocomplacencia. Por lo que respecta a la presión, evidentemente existe. También de mí mismo.

-Bernard de Fallois debe de ser lo más diferente que puede existir de Barnaski, el editor de Goldman. ¿Qué perversiones del mundo editorial de EEUU quería denunciar con este detestable personaje sin escrúpulos?

-Bueno, es una novela, y si Barnaski fuese un personaje agradable y le dijese a Marcus «no te preocupes, tómate todo el tiempo del mundo» sería muy aburrida. Pero podría ser el consejero delegado de cualquier multinacional, igual que el libro podría suceder en una pequeña ciudad de Francia, Suiza o España.

-¿Así que no es una novela americana?

-Es una pregunta con truco. Es una novela americana porque la historia tiene lugar en EEUU, y decidí que fuese así porque empecé a escribirla cuando estaba en Maine, un estado al que voy cada año desde hace 25. Tengo la obligación de ser creíble y por eso tiene un ambiente y un sabor americano. La historia podría suceder en una pequeña ciudad de España o Suiza, y entonces el estilo y el ambiente debería ser distinto. Pero es una novela francesa, escrita en francés, que sucede en EEUU.

-¿Qué siente usted cuando le comparan con Roth, Nabókov y... Larsson?

-Es un gran honor, evidentemente. Pero es mi primer éxito. He tenido mucha suerte, pero no soy nada comparado con Roth o Nabókov. Ahora tengo dos novelas publicadas, he tenido éxito, esto es solo el principio. Veremos dentro de 20 años. Quizá después no sea capaz de escribir otro libro y eso significaría que no tengo nada de lo que poseen los autores que han sido capaces de escribir toda una obra.

-Espero que no tenga que descubrir que su mentor, Bernard de Fallois, estuvo enamorado de una niña de 15 años que acabó muerta para tener su segundo éxito. ¿Su próximo libro...?

-Ja, ja. Es un gran secreto. Prefiero no decir nada para mantener la libertad de escribir lo que quiero escribir y que pueda cambiar todo en el último momento si es necesario. Una vez publicado estará allí para siempre y uno puede opinar sobre él, y eso es lo que le da vida a un libro. Pero antes de tener esa vida compartida con los lectores debe haber una vida entre el libro y yo.

-También nos podría mentir. La mentira es algo muy productivo, viene a decir su libro.

-No lo había pensado, podría ser divertido. Pero ahora no lo haré... Bueno, para mí hay dos tipos de verdades. La verdad en oposición a la mentira (si digo que me llamo Jean-Paul miento) y una verdad que depende de la percepción. De cómo vemos las personas las cosas. Yo he visto un coche azul en un accidente, y usted lo ha visto amarillo. Es mi percepción o la suya. No falso o verdadero.

-De hecho, se ha elogiado mucho cómo evoluciona la trama de su novela, llena de giros sorprendentes. Pero no lo hace a base de sucesos, sino de cambios de punto de vista.

-Sí, claro. Estamos repitiendo la misma historia, pero la percepción es diferente. El coche al final no es ni azul ni amarillo: es verde.

-Ha recibido premios, ha tenido cientos de miles de lectores... pero también hay algunos críticos franceses que están casi ofendidos con usted.

-En primer lugar, no tengo ningún problema con las críticas. Es algo totalmente normal, es una cuestión de gusto. Y pueden ser buenas para mí. Tengo 28 años, así que hay muchas cosas que puedo mejorar. Pero mi libro ha sido un caso especial. En Francia, o tienes el aplauso de la crítica o tienes ventas, y este ha sido el libro más premiado en el 2012 y el más vendido. Cuando vendes mucho, siempre tienes a críticos objetivos a los que no les gusta el libro, y no hay ningún problema en ello, pero también llegan los críticos aguafiestas. Los que nunca quieren estar contentos.

-Usted defiende que un libro ha de ser una forma de evasión, un placer. ¿Parte de la crítica francesa está más bien predispuesta negativamente a ello?

-Sí, desde luego. El nouveau roman está allí. Obtener placer de un libro, que tenga personajes, que tenga una historia... parecía que eso no estuviese permitido. Fue el principio de la autoficción, y para los años 50-70 estuvo bien, pero esa época ya pasó.

-¿Los diálogos románticos entre Harry Quebert y Nola no son a veces empalagosos? ¿O era necesario para darles verosimilitud?

-Quizá. Pero, para ser franco, uno de los fallos del libro, para mí, es esa relación. Recuerde que llevaba cinco libros rechazados. Y tenía miedo de que cualquier elemento sexual en la relación entre Harry y Nola causase el rechazo de los editores, y lo considerasen pedófilo, que esa relación era asquerosa. Por eso eliminé todos los aspectos sexuales y eróticos de su relación, que pasó a ser muy naíf, con palabras pero sin actos amorosos. Creo que fue un error, que como escritor tendría que haber asumido mi responsabilidad: que esa relación fuese como yo creo, con sexo incluido aunque ella tuviese 15 años. O bien hacer que ella tuviese 20 años. Tenía que decidir y tuve un punto de debilidad. Para mí es un alivio ver estos errores. Soy demasiado joven para escribir una obra maestra.

-¿Cómo planteó la escritura de esta estructura tan compleja y eficaz? A partir de un gran esquema como en un guion de TV, o impulsos? Si es así, es asombroso cómo encaja todo.

-No hay ningún plan, ningún gran mural en la pared, no hay nada. Simplemente todo viene cuando estoy escribiendo la historia. Es una novela, no una casa que tengas que construir con un plano. Una ventaja es que tenga buena memoria...

-Los 31 capítulos empiezan con un consejo de escritor de Quebert a Goldman. Él los sigue. ¿Y usted?

-No, porque los creé después de escribir el libro. Escribí el libro sin capítulos y me di cuenta de que tenía que dividirlo. Entonces pensé que estaría bien crear una primera frase en cada capítulo. Dado que es un libro dentro de un libro dentro de un libro, pensé que sería gracioso crear otro libro con estas primeras páginas, de manera que no tenga fin.

-¿Cuántas novelas hay dentro del libro? ¿Cuatro? ¿O más?

-Es difícil de decir. Está el libro que usted lee, que es La verdad sobre el caso Harry Quebert. Dentro de este libro está el libro de Marcus Goldman que es El caso Harry Quebert. Después tenemos dentro de este Los orígenes del mal, que es el libro de Quebert, luego tenemos el otro libro que se publica, Las gaviotas de Aurora, y otro libro de Marcus que cuando leemos la dedicatoria final nos damos cuenta de que es el que acabamos de leer.

-¿Es cierto que había decidido dejar de escribir si este libro no hubiese sido aceptado por una editorial?

-No exactamente. Sabía que tendría que haber dedicado la mayor parte de mi tiempo a buscar un trabajo e invertir solo una pequeña parte en escribir. Hubiese sido solo menos productivo.