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El retorno de grandes héroes de la historieta estadounidense

El 'vigilante' Gibbons

El dibujante de 'Watchmen' cree que la gente recelaría de los superhéroes

Anna Abella

Dave Gibbons, en Barcelona, tras dibujar el personaje de Rorscharch, con un ejemplar de Watchmen al lado.

Dave Gibbons, en Barcelona, tras dibujar el personaje de Rorscharch, con un ejemplar de Watchmen al lado. / ÁLVARO MONGE

Vio el preestreno del Superman de Zack Snyder. «Sentí la misma emoción que al leer los cómics de niño. Es un personaje con una perdurabilidad impresionante. Era, y es, mi superhéroe favorito». Curiosa confesión viniendo de Dave Gibbons (Londres, 1949), el dibujante que, formando tándem con el guionista Alan Moore, comparte con este el honor de pasar a la historia del cómic como los renovadores del género de los superhéroes en los 80 gracias a 'Watchmen', cuya reedición (ECC) ha presentado en Barcelona.

Con esta multipremiada obra de culto, revolucionaria en forma y contenido, abrieron la puerta al cómic adulto y a la novela gráfica. «'Watchmen' invita a reflexionar, no pretende dar respuestas», puntualiza. «Nos planteamos: si en el mundo real hubiera superhéroes de verdad, ¿cómo serían? En la historieta clásica te dicen 'voy a salvar el mundo y luchar contra el mal'. Pero nosotros investigamos qué tipo de persona se pone un disfraz y sale a combatir el crimen y los motivos humanos que le llevan a ello. Puede ser que sientan que es su misión o que estén chalados o sean psicópatas o necesiten un subidón de adrenalina», explica, sobre unos superhéroes de tan elaborada psicología que casi son carne de psiquiatra.

Ahí están ¿en un alternativo 1985, donde Nixon sigue de presidente de Estados Unidos y los vigilantes, que le ayudaron a ganar en Vietnam, ahora son ilegales y se enfrentan a la amenaza nuclear¿ la atormentada Espectro de Seda, el inseguro Búho Nocturno, el genio Ozymandias, el sociópata y fascista Rorscharch, el frío Dr. Manhattan, poderoso semidiós por obra y gracia de un accidente científico y sin ninguna empatía humana, y el psicópata Comediante, cuya sangre mancha la icónica chapa amarilla de Smiley en la primera viñeta.

Reflexión sobre el poder

«Es una reflexión sobre el poder y sus efectos en la sociedad. Queríamos explorar preguntas como ¿realmente queremos un héroe? o ¿qué pasaría si lo tuviéramos?». O la ya famosa ¿quién vigila a los vigilantes? «Creo que la reacción de la gente ante un superhéroe sería negativa. Sospecharían y recelarían de alguien disfrazado, por no hablar de uno como el Dr. Manhattan, que con un pestañeo puede reducir a la nada el esfuerzo de un humano». Nuevo interrogante: «Queríamos que el lector se preguntara ¿ese tipo es tan malo como parece? Ningún personaje es 100% malo ni 100% bueno. Igual que en la vida real nada es blanco o negro. Para muchos, Rorschach es un héroe porque nunca pierde su coherencia. Es una de las cosas que la gente le pide a un líder político. Hitler, por citar un extremo, o Thatcher, aunque no estés de acuerdo con ellos, eran coherentes y la gente tiende a apoyar eso».

No se atreve a especular Gibbons sobre cómo serían hoy los vigilantes. «En la época en que hicimos la novela se vivía con ansiedad la guerra fría, el mundo se dividía en dos potencias que pugnaban por quién liquidaba a quién. Ahora eso ha de-saparecido y hay una guerra intangible contra el terror. El uso de la información y el concepto de lo secreto y de la vigilancia han cambiado. Sería difícil de enmarcar en Watchmen».

POLÉMICA PRECUELA

No quiere entrar el dibujante a comentar la polémica sobre la reciente precuela 'Antes de Watchmen', de la que abomina Moore, enfrentado a DC Comics por los derechos de sus obras y por las versiones cinematográficas, de las que ha quitado su nombre, como la de 'Watchmen', dirigida por Snyder y en la que colaboró Gibbons. Este solo tiene palabras de elogio para el guionista, aunque admite que lleva dos años sin hablar con él. Pero recalca: «Todo lo que queríamos contar estaba en la novela. Creímos que continuarla no iría a ningún lado».

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