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MUSEU D'HISTÒRIA DE CATALUNYA

Tintín, del mundo real a la viñeta

Una exposición reúne unos 400 originales que inspiraron a Hergé

ANNA ABELLA / BARCELONA

La noticia del robo de las joyas de Sofía Loren, en 1960, dominando la portada de Paris Match (convertida por Hergé en Paris Flash), que le inspiró Las joyas de la Castafiore; la foto del recorte de la revista Le Miroir en la que dos policías con bombín, paraguas y bigote junto a un detenido son el vivo reflejo de Hernández y Fernández; la postal en la que aparece una canoa surcando un río en la selva amazónica del Mato Grosso, clavadita a la imagen de la portada de La oreja rota; o un ejemplar del libro Le tour du monde en 44 jours, sobre la vuelta al mundo, ganada en un concurso, del joven boy scout danés Palle Huld, todo un Tintín avant la lettre (aunque Hergé nunca reconoció haberlo leído ni tenido en cuenta para la imagen de su reportero). Como estas, hasta 400 fuentes documentales originales que inspiraron al dibujante belga-fotos, revistas, catálogos, libros, diarios, fotogramas...- pueden verse hasta el 29 de septiembre en el Museu d'Història de Catalunya, en la exposición gratuita Aquell jove repòrter belga que tenia un fox terrier blanc.

«Hergé prácticamente nunca salió de Bélgica pero quería ser muy riguroso y verosímil y por eso se documentaba exhaustivamente para dar credibilidad a los escenarios, objetos y personajes de las aventuras de Tintín. Recortaba imágenes que encontraba en revistas o diarios, las pegaba en una cartulina, las codificaba y las guardaba para usarlas en presentes y futuras historias», explica Jacint Guillem, comisario de la exposición y propietario de la inmensa mayoría del material de coleccionista que reúne la muestra, que recorre uno a uno los 24 álbumes del famoso reportero, con explicaciones que los sitúan en el contexto histórico.

FICCIÓN Y REALIDAD / En la línea que ya trazó Michael Farr en el libro Tintín. El sueño y la realidad (Zendrera Zariquiey, 2001), la visita va enlazando las viñetas de los cómics con los documentos reales en los que Hergé se inspiró para dibujarlas. Ficción y mundo real se funden, ya sea en un avión, un coche, un helicóptero de una república bananera sudamericana o un edificio, como el Château de Cheverny, igualito al de Moulinsart, donde vivirán Tintín y Haddock desde El secreto del Unicornio.

Pero no faltan los personajes: protagonistas como Bianca Castafiore, nacida de la soprano Maria Callas, o el profesor Tornasol, encarnación, aunque con algunos centímetros menos, del altísimo científico August Piccard, inventor del batiscafo y de un aparato para ir a la estratosfera, entre otros artilugios. Y secundarios como Al Capone, recreado en Tintín en América y único al que Hergé mantuvo su nombre real; Fidel Castro, que presta su rostro al general Alcázar en Tintín y los pícaros, o Basil Zaharoff, un vendedor de armas cuya imagen y profesión el dibujante calcó para su personaje de La oreja rota, aunque le modificara el apellido por el de Bazaroff.

Entre los originales, álbumes publicados en decenas de idiomas, ejemplares de Le Petit Vingtième Le Vingtième Siècle, en cuyas páginas nació Tintín, o varios de National Geographic, a los que Hergé estaba suscrito y de donde sacó, entre otras, las viñetas de Stock de coque ambientadas en Petra, las de El templo del sol en Machu Picchu o las de Tintín en el Tíbet en el Himalaya. Viajes, y aventuras, de cómic sin salir de casa.

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