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CRÓNICA

Es difícil ser comediante

Shalom Auslander desconcertó en el Primera Persona

ERNEST ALÓS / Barcelona

Si Woody Allen hubiese nacido en una familia judía ultraortodoxa, de las de caftán, sombrero negro y rizos, y hubiese roto a lo bestia con ella, quizá sería algo parecido a Shalom Auslander, el autor de las tragicómicas novelas Lamentaciones de un prepucio y Esperanza: una tragedia, basada esta en la premisa de que Ana Frank está viva y es una insoportable anciana escondida en un desván. Eso es lo que pensamos muchos..., pero desde el viernes, con un pero. Esta semblanza nos había hecho olvidar que un escritor, incluso uno con un humor tan ácido como el de Auslander, en la mejor tradición del humor judío autocrítico pero pasándose tres pueblos (o en su caso tres ghettos, o tres colonias en los territorios ocupados), no tiene por qué ser un monologuista de stand up comedy.

La noche del viernes, a la salida de su número en el festival Primera Persona, en el CCCB, quedó un cierto regusto a decepción. Sí, la combinación de imágenes de cine con la enumeración de sus obsesiones tuvo su punto. Dios como God-zilla, aplastando japoneses en lugar de egipcios. El sexo (porno de cuando había mucho pelo), la comida basura nada kósher, el Holocausto («dos hombres han marcado mi vida, uno es Dios y el otro Hitler. Los dos están como una regadera, si estás con ellos, bien, pero como estés en el lado equivocado la has jodido», bromeó), la culpa (ilustrada por una secuencia de castración de Ilsa, la loba de las SS; «no sé qué tiene que ver esto con la culpa, pero me divertía enseñarlo en un festival», dijo)...

LEER O ACTUAR / Auslander leyó pasajes brillantes de sus novelas, lanzó unos cuantos chistes salvajes..., pero no encadenó una gracia detrás de otra. Y el juego de convertir a una actriz en la voz acusadora de su madre, que acababa proclamando en yidis «es difícil ser judío» («básicamente, la frase en la que se ha basado toda mi vida», comentó su hijo) no pareció convencerlo ni a él. Shalom no es Woody Allen con un micrófono delante. Subido a un escenario, no es Lenny Bruce redivivo. Ni tiene por qué, bien mirado. En resumen: esto de que los autores busquen ingresos adicionales en tiempos de crisis haciendo bolos parateatrales tiene un límite. Shalom Auslander es un escritor. Léanlo.

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