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CRÓNICA

Beach House embruja en Apolo

El dúo dream-pop desplegó una batería de 'hits'

JUAN MANUEL FREIRE
BARCELONA

Hacía tiempo que Beach House no pasaba por una sala de Barcelona (sí por festivales). Y había expectación por ver al dúo dream-pop en un escenario más acotado, y además en la cima de su juego, con un Bloom (2012) que pasado el tiempo nadie debería seguir tachando de simple continuación del revelador Teen dream (2010). En ese último disco la banda de Victoria Legrand y Alex Scally ganaba en complejidad -sus temas son ahora como gigantes castillos de cristal, de amplias, delicadas reverberaciones- y presentaba además, si cabe, mayor poder expresivo.

El directo del miércoles, en Apolo, fue todo lo impecable que cabía esperar de ellos. Diseño escénico escueto y formación escasa, solo ellos y un batería; todo más que suficiente para enseñarnos el cielo. Comenzaron con Wild, aquella canción que nos cogió por sorpresa en el minifestival Fly Me To The Moon del 2011 y que ya suena a clásico. Siguió una batería de hits casi inapelable -el casi: se dejaron Troublemaker- con pocos guiños a sus primeros discos, tan solo Gila, que no es por el humorista, sino por el río del sudoeste de EEUU, y una Apple orchard bastante complicada de escuchar en directo.

Niveles estratosféricos de emoción con Lazuli, New year, Zebra Myth, por no hablar de ese perfecto bis con Real love, 10 mile stereo -quizá su mejor canción- e Irene. En todo momento, los movimientos justos, con la concentración más puesta en la música que en el gesto, casi como invitando a cerrar los ojos y dejarse mecer por las imágenes de nuestra imaginación. Mucha belleza, demasiada. Después, el choque con la realidad siempre es feroz.

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