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homenaje privado a uno de los grandes creadores catalanes

Can Framis recuerda al artista Antoni Clavé

La sala del Poblenou reúne 80 piezas del pintor y escultor en su centenario

NATÀLIA FARRÉ
BARCELONA

El mismo día que los aliados desembarcaban en Normandía, Antoni Clavé (Barcelona, 1913-Saint Tropez, 2005) entraba en el estudio de Pablo Picasso. No se trató de una visita de cortesía sino de un encuentro que duró horas y que supuso, además del nacimiento de una amistad de por vida, un giro en la obra del pintor, escultor y grabador catalán. «Fue una lección de arte que fascinó al joven Clavé y que marcó su obra posterior», explica el historiador Daniel Giralt-Miracle, que añade que «el encuentro lo introdujo en la posfiguración y le inició en la abstracción». Algo que Clavé definía con un contundente: «Picasso cambió mis horizontes». Antes, el catalán había coqueteado con el noucentisme y había conocido a los posimpresionistas franceses, en las figuras de Soutine y Vuillard. De todo ello, del Clavé anterior al encuentro con Picasso y de todo lo que vino después habla Clavé 100 anys. El homenaje en forma de exposición, hasta el 14 de julio en Can Framis, que la Fundació Vila Casas rinde al pintor en el centenario de su nacimiento.

«No tenía la malicia de Picasso, la astucia de Miró ni la intelectualidad de Tàpies», apunta Giralt-Miracle, comisario de la muestra, pero, como ellos, «ejerció una gran influencia en la pintura catalana». Y quizá tampoco gozaba de su reconocimiento en casa, donde las distinciones le llegaron tarde, pero sí a nivel internacional: cotiza al mismo nivel que Tàpies, en Japón tiene un museo con su nombre, y las colecciones públicas francesas están llenas de sus obras. Aunque aquí también tuvo su momento: fue en los 80, cuando los coleccionistas se peleaban por sus piezas en la sala Gaspar, la galería que lo dio a conocer en Barcelona tras su exilio forzado después de la guerra civil.

TODO INTUICIÓN / Pese a que Clavé practicó todas las disciplinas y su trabajo como grabador, cartelista, escenógrafo e ilustrador es de los mejores, la muestra reúne solo pintura, casi 80 piezas, la disciplina que Clavé, en 1954, puso por delante del resto al grito de «solo quiero ser pintor». Un pintor intuitivo. «Delante de la tela en blanco es el instinto lo que le lleva a solucionar su obra», cuenta Giralt-Miracle. Y un pintor que mira hacia delante y hacia atrás. «Sale de la pintura europea clásica y vive intensamente las vanguardias», concluye el comisario.

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