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Falcones regresa con una novela de gitanos y morenos

El escritor barcelonés publica 'La reina descalza', situada en la Sevilla y el Madrid del siglo XVIII

ERNEST ALÓS / Barcelona

El abogado barcelonés Ildefonso Falcones ha regresado, justo a tiempo para Sant Jordi, con su tercera novela tras 'La catedral del mar' y 'La mano de Fátima'. Esta vez, 'La reina descalza' (Plaza & Janés / La Rosa dels Vents) cambia la Barcelona medieval y la Andalucía morisca por Sevilla y Madrid a mediados del siglo XVIII. Y al igual que su anterior novela, el protagonismo lo tienen dos comunidades perseguidas, los gitanos víctimas de la gran redada dictada por el marqués de la Ensenada y los negros africanos esclavizados para trabajar en las plantaciones cubanas.


Falcones ha presentado su libro, que llegó a las librerías el pasado jueves en castellano y catalán y que según sus editores en estos pocos días ya se ha situado en lo más alto de las listas de los libros más vendidos, con un paseo por el Madrid en el que sucede la segunda mitad de la novela, una vez dos protagonistas, una bailarina gitana y una esclava liberada, abandonan el barrio de Triana.


Los dos personajes personifican dos de las fuentes principales del flamenco, y de hecho acaban triunfando en el madrileño teatro de Santa Cruz interpretando las primeras expresiones de los cantes protoflamencos. Pero la música es solo una parte de una trama con contrabandistas de tabaco, picaresca en las calles de la corte y una larguísima serie de venganzas gitanas. Además, como trasfondo de la novela histórica, de la persecución que buscó erradicar a los gitanos de España encarcelando por separado a hombre y mujeres. "Fue un fracaso porque solo consiguieron encarcelar a los gitanos buenos, asimilados, controlados, no a los gitanos transhumantes, los gitanos de verdad", ha explicado Falcones.


El escritor dedica el grueso de su novela a discurrir sobre la esencia de "la raza gitana". "Es una comunidad muy complicada, muy etnocéntrica, con sus defectos y sus virtudes. Cuanto más los apretaban, más ansias de libertad tenían. No se sometieron ni se resignaron a partir como moriscos o judíos", sostiene.