Nuevo libro TRAS EL PREMI NACIONAL DE LITERATURA DE LA GENERALITAT

Aquellos versos perdidos

Enric Casasses recupera un dietario y un poema escritos hace 30 años

Enric Casasses, el pasado martes, en Barcelona.

Enric Casasses, el pasado martes, en Barcelona. / JOAN PUIG

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ANNA ABELLA
BARCELONA

Hace más de tres décadas, en 1980, un Enric Casasses (Barcelona, 1951) de 29 años acompañó a su chica de entonces, sucriatura de llum(a la que luego perdió la pista) a su Suecia natal, donde conoció a su entrañable abuelo campesino. Este, a pesar de las barreras del idioma, le fue enseñando su mundo, le contó dónde había estado, qué había hecho en su vida, compartieron excursiones... «Se hizo querer. Un día tenía que segar la hierba con una guadaña y me pidió que le ayudara a afilarla. Un mes después moría súbitamente de un infarto. Afilar la guadaña... fue casi profético», recuerda hoy el prosista, dramaturgo y articulista, poeta maldito de las letras catalanas .

Profético fue también que durante el mes que pasó en Escania, justo antes de morir el anciano, Casasses escribió un dietario en el que este era el centro y, paralelamente, un poema largo de rima asonante. «Tratan sobre el paso del tiempo y la muerte, un tema que he tocado muy poco en mi carrera; el poema reflexionaba sobre la tierra de los muertos y las formas de morirse. Es como si yo hubiera intuido la muerte del abuelo».

POEMA EXTRAVIADO / Concibió dietario y poema como un «díptico». «Iban juntos desde el principio y no quería publicar el diario sin el poema». Pero este se perdió al poco de volver a Catalunya y el azar no quiso que Casasses lo recuperara hasta pasados 30 años. Ahora los dos textos ven por fin la luz sin haber envejecido un ápice en el breve volumenDiari d'Escània i Univers endins(Empúries), primer título del poeta tras ganar en julio pasado el Premi Nacional de Literatura de la Generalitat.

«Tengo varios poemas largos pero me faltaba este, que era el único que trataba de la muerte, y me supo muy mal perderlo», cuenta hoy el bardo, a quien le dolió tanto que hasta dedicó un poema a los versos perdidos (añadido en un apéndice del libro). Había escrito el dietario en una libreta negra y el poema en otra, barata y de espiral. Una vez en Barcelona picó a máquina ambos textos, los metió en un sobre y tiró a la basura los manuscritos del poema, conservando solo la libreta del dietario (expuesta estos días en el Museo de Sant Pol de Mar). Aún hoy se pregunta qué hizo con el sobre, que resucitó en el 2010, en casa de una amiga, Maite Ninou, que había estado haciendo limpieza de papeles viejos.

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DONDE LOS TROLLS EXISTEN / En el dietario se palpa la percepción de Casasses del mundo rural sueco -«viven tres cuartas partes del año a oscuras, en esos bosques y con esas nieblas que crean un aire de fábula que te hace creer que los trolls existen»- y se nota la influencia de lasrondallesde Verdaguer, que confiesa, le habían «hechizado» ya entonces, cuando aún no había leído su poesía. «En Escandinavia han sabido introducir el mundo moderno sin romper el antiguo, no como en la costa catalana. L'Escala de cuando yo era niño ha desaparecido», lamenta.

Pero Casasses, que pronto publicaráA la panxa del poema en prosa que no hi neva ni hi plou,se declara «optimista» respecto a la lengua y cultura catalanas. «Somos la única cultura plena en el mundo que aguanta sin Estado. Si desaparecemos, las otras culturas que ahora nos ignoran nos echarán de menos y nos haremos famosos, y si no también lo seremos».