04 jul 2020

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Música celestial

Perico Pastor

Seamos sinceros: la palabra erudito se aloja en nuestro cerebro muy cerca de la palabra pelma y de la palabra tostón. La verdad es que el mundo está lleno de pelmas y de tostones, y tiene uno muy pocas ocasiones de conocer a un erudito de verdad. Conozco a Ramón Andrés, poeta y hombre sabio, autor de varios libros publicados en Acantilado -que ayudan al editor Jaume Vallcorba a demostrar que puede uno ganarse la vida sin publicar bazofia-.

Otros han cantado ya en este mismo periódico las maravillas del Diccionario de música, mitología, magia y religión, última obra de Ramón Andrés, pero no puedo resistirme a sumarme al coro de alabanzas.

Primero por la elegancia con que este navarro de voz queda comparte su inconmensurable erudición. Decía Antonio Machado en su Juan de Mairena que la cultura es para muchos como un pesado gabán, que pesa más que abriga, pero Ramón Andrés lleva la suya como si fuera una chaqueta de vicuña.

Segundo, porque lo que hace apasionante el recorrido por este libro, no es solo la amenidad y el rigor en las respuestas que las entradas proporcionan, sino sobre todo la ambición en las preguntas. En la pregunta.

En este, como en otros libros del autor, Ramón Andrés siempre mira a lo más hondo y antiguo de los temas: el momento en que el hombre empezó a marcar el tiempo con la percusión, a imitar el viento soplando en una caña, a modular el ruido transformándolo en melodía. El momento mágico en que nuestra especie se diferenciaba del resto de los animales y de sus manos nacía la magia, la religión, la imagen, la armonía y la palabra.

En su infatigable labor de recrear este momento el Diccionario de Ramón Andrés nos lleva al pasado más distante y nos muestra nuestro presente con una luz nueva.