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Ideas

Pamplinas

Enrique de Hériz

Conozco a unos cuantos buenos escritores que están sin escribir. Cuando les preguntas, todos tienen razones supuestamente pasajeras: los hijos; las mil cosas que hay que hacer para ganarse la vida; el hundimiento de expectativas que, en estos últimos años, ha representado la superposición de capas de eso que llamamos crisis: la global, la local, la cultural, la digital y qué sé yo cuántas más. Te lo cuentan con la mirada perdida, presos de una tristeza relativa, como si hablaran de una enfermedad nueva en fase de diagnóstico reservado, una tragedia a la que solo se puede oponer paciencia. Quietos todos y un poco asustados, como un flan en el molde.

He dicho «buenos» escritores. Para despejar la parte subjetiva del calificativo, digamos «profesionales»: gente de oficio, acostumbrada desde mucho antes de la crisis a sobreponerse a las dificultades de un contexto nunca demasiado propicio porque, aunque a veces se quisiera aparentar lo contrario, escribir en este país nunca había sido rentable. Y sin embargo están ahora en esta especie de apático encogimiento colectivo de hombros.

Sé de qué hablo; soy uno de ellos. O lo he sido. Llevo un tiempito pensando que deberíamos tener exactamente la reacción contraria.

Suelo ofenderme cuando oigo el lugar común de que una crisis solo es una ocasión para reinventarse. Son pamplinas que solo pueden decir los que están por encima de la línea de flotación de este buque fantasma en que se ha convertido el Estado del bienestar.

Pero hay que estar muy ciego para no ver que este, precisamente este, es el momento que la condenada Historia nos brinda para escribir la mejor novela de nuestra carrera. La novela salvaje. La que a lo mejor no nos atrevíamos a escribir cuando, aunque lo negáramos, la comodidad de publicar se superponía a la aventura de creer. Volver a escribir una primera novela tantos años después, tantos libros después, con la incertidumbre del destino que le vaya a corresponder y la certeza enloquecida de que lo único que de verdad nos importa es escribirla.