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The master: De sectas y obsesiones

The master: De sectas y obsesiones
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QUIM CASAS

Paul Thomas Anderson

Con la excepción de Boogie nights,

retrato de la industria del cine pornográfico en los años 70 y 80 en el que se reconocían ambientes, situaciones y personajes directamente extraídos de la realidad, las películas de Paul Thomas Anderson resultan casi siempre abstracciones por mucho que sepamos de lo que hablan. Pasaba en Sidney y Magnolia, se repitió en Pozos de ambición y su reconstrucción de la época de la fiebre del oro negro, y vuelve a ocurrir en The master, cuya fuente de inspiración sería la iglesia de la cienciología.

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Anderson parte de una realidad concreta para llegar a su propia verdad, la del relato, la suspensión de las emociones y el requiebro de la ficción. En The master se reconocen las obsesiones de una secta, la manera que tiene su líder de controlar a los demás y de ejercer sus enseñanzas, y el proceso de depuración de un personaje (el encarnado por Joaquin Phoenix) que se hace acólito porque ha vuelto emocionalmente destrozado de la guerra.

Pero decir que The master es un filme sobre la cienciología es restarle méritos. La cinta de Anderson explora otras realidades y químeras de la América de los 50 y establece una dialéctica tensa y perturbadora entre sus dos personajes centrales. Philip Seymour Hoffman, el gran actor forjado filme tras filme a las órdenes de Anderson (aparece en todos menos Pozos de ambición) ayuda de forma notable a esa misma abstracción y el relato discurre entre la ira y la melancolía, entre el fin de una época y el nacimiento de otra aún más inquietante. QUIM CASAS