07 ago 2020

Ir a contenido

UN MAESTRO DE LAS NUEVAS FORMAS DE FICCIÓN

Coover, en la horchatería

El respetado autor norteamericano ha publicado 'Noir', su última novela, y ha ultimado

en Barcelona su próxima y descomunal obra

ELENA HEVIA
BARCELONA

Robert Coover no es solo uno de los autores norteamericanos más respetados también es el padre de la narrativa más transgresora. Amante de los juegos literarios, las permutaciones matemáticas y la pornografía, es el profeta de las nuevas formas de la ficción y de su interacción en internet, padrino de posmodernos como David Foster Wallace, tío lejano de la Generación Nocilla... Su 80 cumpleaños se celebró este año en Londres, Nueva York y París. Pero ha huido de todos esos lugares para buscar el anonimato en Barcelona y acabar aquí la reescritura de su próxima obra, un pulso literario de 1.600 páginas, que le causa no poca inquietud. «Demasiado grande».

La Catalan Connection tiene su porqué. Coover lleva casado toda una vida con una catalana, su primera novela la escribió en Tarragona allá por los 60 y habla un castellano muy vivaz. También tiene la satisfacción de haber regresado a las librerías de este país con Noir (Galaxia Gutenberg), tras años de ausencia y de saber que, tres décadas después de su aparición, una de sus grandes obras, Public burning verá la luz en el 2013 en la editorial Pálido Fuego.

La cita con el autor de La fiesta de Gerald o Azotando a la doncella es en la Horchatería La Valenciana, en la calle Aribau, un lugar que el escritor conoce bien porque era aquí, o más bien dicho en su antigua sede, donde cortejaba a su esposa hace más de 50 años y donde suele acudir a diario cada vez que se instala en la ciudad. Sobre este lugar escribió un texto bastante desconocido llamado Ten minutes in the Orxateria La Valenciana, donde alababa los cruasanes del local y se divertía imaginando a un personaje, un actor pornográfico, mostrando el miembro a las señoras de mediana edad que suelen ser la parroquia del lugar. «Catalunya se ha filtrado en mis textos. Mientras escribía mi segunda novela, que iba sobre béisbol, unos amigos nos cedieron durante unas semanas su casa en Santes Creus y en el sueño de un personaje de la obra introduje a un pastor con sus ovejas que era exactamente como el que yo ví al abrir la ventana en aquel lugar».

Noir, con una imagen muy a lo Bogart en su portada, es uno de esos ejercicios que tanto gustan a Coover: transgredir un género, en este caso el policiaco, para crear algo nuevo. Hace unos años dio la vuelta al wéstern con Ghost Town, un título que algún editor debería animarse a traducir.

A Noir no le faltan clichés y le sobra originalidad. Está escrita en segunda persona como queriendo imitar esos ejercicios de cámara subjetiva que hicieron furor en el apogeo del cine negro. «También he utilizado la técnica del flashback y he llegado a hacer un nudo con el tiempo. Además me interesa la artificiosidad de esos decorados, tan irreales y sombríos, por donde se mueven los detectives reales».

Profeta posmoderno

Mientras da los últimos retoques a su monumental novela, Coover se da cuenta de que él, que durante tantos años ejerció como profeta del futuro del libro -y la biblia de ese pensamiento fue el artículo El fin de los libros publicado en 1992 The New York Times-, ahora se ha estado dedicando a mirar al pasado con la redacción de este libro, The brunist day of wrath, que recoge las actividades en los 70 de los brunistas, la secta religiosa que inventó para su primera novela.

Pero no por eso ha descuidado su reflexión sobre lo que le espera a la creación literaria. Lo ha hecho en El fin de la literatura, un artículo todavía no publicado que hace doblete con el anterior y que dará mucho que hablar. «La literatura no está luchando por renovar su forma y por ello perecerá. Las que no morirán son las grandes preguntas que el hombre siempre se ha hecho desde los tiempos del Gilgamesh. Lo que aparecerá después será otra cosa, pero la literatura, tal y como la conocemos, está dando sus últimos coletazos».