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Màrius Serra gana el premio Sant Jordi reinventando la figura de Ferran Sunyer, el 'Hawking' catalán

Francesc Garriga Barata, Tina Vallès, Maria Carme Roca y Josep Lluís Badal, galardonados con el resto de premios de la Nit de Santa Llucia de Òmnium Cultural

ERNEST ALÓS / Barcelona

El escritor barcelonés Màrius Serra ha ganado el premio Sant Jordi de novela con la novela 'Plans de futur', una reinvencción de la vida del matemático catalán Ferran Sunyer, fallecido en 1967 tras haberse convertido en un científico de prestigio internacional a pesar de haber tenido que luchar contra su disminución física (una tetraplegia) y de su carácter de autodidacta marginado por la universidad del franquismo. La Nit de Santa Llúcia, la fiesta literaria de Òmnium Cultural en que se entregan también los premios Carles Riba de poesía, Mercè Rodoreda de cuentos, Folch i Torres de literatura inantill y Joaquim Ruyra de literatura juvenil, se ha celebrado este año en Tarragona.

El Sant Jordi (dotado con 60.000 euros) se publicará, al igual que el resto de galardones de la Nit de Santa Llúcia, en las semanas previas al 23 de abril. Serra ha construido una ficción (se felicitó por el hecho de que ninguno de los protagonistas tuviesen descendientes vivos que pudiesen afeárselo) en torno a la vida privada de Sunyer, en especial las tres mujeres (su madre y dos primas hermanas, una de las cuales tuvo una relación muy estrecha con Dalí en su juventud) que le dedicaron su vida.

Serra ha confesado que, tras la muerte de su hijo Lluís, a quien dedicó el libro 'Quiet', detuvo durante un tiempo la escritura no solo por el trauma personal sino porque podría parecer que se "especializara en lisiados".

La ganadora del premio Mercè Rodoreda de cuentos ha sido la traductora, correctora y escritora Tina Vallès (Barcelona, 1976) con 'El parèntesi més llarg', una colección de cuentos heterogénea en las que la autora mantiene el tono irónico habitual en sus obras anteriores, así como en su abundante actividad en blogs y tweets.

Un Carles Riba muy especial

Uno de los premios de la Nit de Santa Llúcia tiene este año un valor especial: el Carles Riba de poesía por 'Tornar és lluny.' A los 80 años, a Francesc Garriga Barata (Sabadell, 1932) le ha llegado con este galardón el primer gran reconocimiento a una obra iniciada en 1959, cada vez más concisa y esencial. En los últimos años este poeta «perepunyetes» se ha convertido en referente para los jóvenes poetas que frecuentan el circuito de recitales en locales como el Horiginal: «Me gusta empujarlos un poco. Hacer, rehacer, escribir mucho y romper mucho. Que no tengan miedo a decir la verdad en sus textos. Están acostumbrados a enseñar sus textos y que les digan que están muy bien, y agradecen la censura amable que yo les pueda hacer».

Además de los tres premios para lectores adultos, que publicará Proa antes de Sant Jordi, en la Nit de Santa Llúcia también se entregan dos galardones para el público infantil y juvenil, respectivamente, que llegarán a las librerías de la mano de La Galera. El premio Josep Maria Folch i Torres ha sido este año para el escritor y profesor de lengua Josep Lluís Badal (Ripollet, 1966) por 'Les aventures d¿en Jan Plata' (una referencia clara al personaje de John Silver de La isla del tesoro``), la historia de un niño que vive junto al mar sin saber quién es si padre y que acaba derivando en una aventura de piratas. «Esta escrito para niños pero con una escritura nada infantil», explica ayer su autor.

Novela juvenil

La ganadora del Joaquim Ruyra de literatura juvenil es Maria Carme Roca (Barcelona, 1955), que aunque se ha dado a conocer por un par de novelas históricas ('Barcino' y 'Escollida pels Déus') ha publicado decenas de títulos de narrativa infantil y juvenil. En este caso, Roca plantea en 'Katalepsis' una novela de terror psicológico con un planteamiento peliagudo. El protagonista es un joven que padece catalepsia (puede quedar aparentemente muerto, pero consciente) y controla el desencadenamiento de los síntomas consumiendo cocaína, lo que utiliza «como un juego». Pero llega un momento en que, en este estado, corre el peligro de acabar como un enterrado en vida. Una situación que a la autora, desde que leyó a Poe, siempre le ha «inquietado».

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