29 mar 2020

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Poeta

«No hay ya armas cargadas de futuro»

ERNEST ALÓS
BARCELONA

Joan Margarit (Sanaüja, 1938), arquitecto ya muy jubilado de su cátedra de Cálculo de Estructuras, sigue publicando cada uno o dos años los únicos libros de poemas en catalán que siguen llegando a un público lector mayoritario. El último, Es perd el senyal (Proa). El envejecimiento, la muerte, recuerdos de posguerra...

-Es este un libro muy biográfico.

-Lo abre una cita de Pla en la que dice que una autobiografía debería estar hecha siempre en verso. Un poema es, dicho rápidamente, unas palabras que cuando el lector las lee dice 'este soy yo'. Si no, no es un buen poema. O no es un poema para este lector. Por otra parte, la autobiografía en prosa no hace más que ofrecer una vida a la curiosidad de otros. Pero allí no te verás reflejado.

-En él dice que busca la verdad en el recuerdo. Parece que su poesía sea un arma cargada de pasado.

-¡Es que ya no hay armas cargadas de futuro! Pero el poema no tiene edad. Si habla de la tristeza ha de hablar de tu tristeza. Es así de sencillo y de complicado. Siempre eres tú el que se reconoce en un poema. Siempre es el presente, porque el futuro no existe. Pero esta es solo una parte del libro, cuando hay tres líneas, trenzadas entre sí. Una, la biografía personal. Otra, la poesía civil. Y una tercera, para decirlo rápido, los poemas de toda la vida, sobre el amor, la muerte...

-Melancólicos, como Es perd el senyal, con el final de la vida a la vista.

-¡Y alegres, eh! Es uno de los poemas más alegres que he hecho.

-¿?

-El concepto de la destrucción justificada, para poder seguir viviendo o para morir, está siempre presente en la vida. Lea: «...estàs vivint / uns anys sense esperança que ja són / els més feliços de la teva vida». Ergo, no es necesaria la esperanza para ser feliz.

-En otro momento dice que no hay ítacas, ni encuentra esperanza en su pueblo... ¿Escéptico sobre el momento político actual?

-Esto es un libro de poemas, no de política. Opino en los lugares adecuados. Lo hice cuando el pregón de la Mercè. Cuando nadie decía públicamente ciertas cosas, dije que Catalunya tenía que ser independiente y convertirse en una nación como Dinamarca o Finlandia. Fui insultado de mala manera. Y ninguno de los que ahora van hablando de esto salieron a defenderme, por cierto.

-Aún no eran independentistas.

-Aún no lo eran. ¿Ha leído el poema que se titula Personatge?

-¿El que trata de las honras fúnebres oficiales a Samaranch?

-No doy nombres, porque no me gusta insultar, ni a los adversarios o enemigos. Y justo ahora estamos estando en una dinámica maniquea que pone los pelos de punta.

-Tampoco da el nombre del alcalde falangista de Rubí que en otro poema acosa a su madre.

-No. Mire el final del poema que le decía. Como los 10.000 griegos abandonados por sus líderes de Jenofonte, nuestros guías, a los que hemos votado, nos han abandonado. Porque el espectáculo que dio con ese personaje un tripartito de izquierdas, eso era realmente no saber dónde estamos. La opulencia que hemos vivido se ha reflejado en un bajón de nivel de la política, con episodios de falta de cultura tan bajos como los del más puro y duro franquismo. Pero la opulencia se ha acabado y ahora esas familias de nuevos ricos están arruinadas y sin formación. Lo que tengo claro es que la cultura, de punta a punta, de la ciencia a la poesía, es la única salida.

-Esa arma si tiene futuro.

-No sé. Sí que es el único tren que no podemos perder. Basta de recortes en formación. Si quieren recortar en sanidad y hacerme morir 10 años más joven, adelante, pero dejen que mi hijo estudie.

-Siguiendo con esa línea cívica. Dice que la lengua castellana le ahoga pero que no la odia.

-Sí, y que no tiene la culpa de su fuerza, y aún menos de mi debilidad. El enemigo siempre está en casa.