22 oct 2020

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UN IRRESOLUBLE MISTERIO LITERARIO

'El Quijote', según Shakespeare

El hispanista Roger Chartier sigue la pista a 'Cardenio', una pieza teatral perdida del bardo inglés inspirada en una de las historias del clásico español

El misterio prosigue con falsificaciones y recuperaciones de la obra hasta el siglo XX

ELENA HEVIA
BARCELONA

Esta es una historia que habría seducido a Borges, enamorado de los manuscritos perdidos, los autores apócrifos y las falsas reescrituras. Tiene en su centro a dos gigantes de la literatura, Cervantes y Shakespeare, y una obra del bardo desaparecida, Cardenio, inspirada en uno de los episodios de El Quijote. Se sabe poco de la pieza. Fue escrita a cuatro manos con el joven dramaturgo John Fletcher y desde su estreno en 1613 nunca fue repuesta y no ha dejado de fascinar a los eruditos como uno de los grandes enigmas literarios.

El hispanista francés Roger Chartier se ha lanzado en su busca en Cardenio entre Cervantes y Shakespeare (Gedisa), un ensayo que persigue el misterio sin resolverlo, aunque aporte indicios «para acercarse a un texto del cual no tenemos ni manuscritos, ni edición impresa». El argumento de la obra recogía, al parecer, la historia cervantina de los amores contrariados de cuatro jóvenes con un final feliz y, quizá, solo quizá, aparecieran como personajes secundarios Don Quijote y Sancho. ¿Leyó Shakespeare a Cervantes? La posibilidad es emocionante. «El Quijote era una de las obras de más proyección en el siglo XVII, por la omnipresencia de la lengua española en todo el mundo. En Inglaterra, concretamente, la primera parte fue traducida por Thomas Shelton en 1612 y tuvo una influencia fuerte en la literatura inglesa. Un influjo que no fue recíproco, Cervantes jamás leyó a Shakespeare».

La idea de la propiedad intelectual en los siglos XVI y XVII no era algo consolidado, habría que esperar un siglo para que empezara a acuñarse el modelo en el que el individuo proyecta en su escritura la singularidad de su experiencia. «En época de Shakespeare no existía la necesidad de originalidad, solo se inventaba una forma nueva a argumentos conocidos, las historias pertenecían a todos». De ahí que en cierto modo, El Quijote fuera un catálogo de temas propicios al saqueo.

Una de las razones por las que se perdió Cardenio es porque solo un 60% del teatro isabelino y jacobino llegó a publicarse. Su objetivo era la representación. «En 1623, siete años después de la muerte de Shakespeare, se reunireron sus obras en el First Folio, que hoy es uno de los libros más caros, la mitad de las 36 obras que lo componen no habían sido publicadas jamás», dice Chartier.

La segunda vida de Cardenio se inicia a mitad del XVIII cuando un dramaturgo de segunda fila, Lewis Theobald, aseguró tener tres manuscritos de la obra perdida y se lanzó a refundirlos con no poca imaginación en una nueva obra, Doble mentira. «Theobald era paradójicamente un escritor muy respetuoso con el original pero a la vez un falsario fabuloso que adaptaba a Shakespeare a los usos y los gustos de la época». En la actualidad, considera Chartier, se acepta que efectivamente Theobald tenía el manuscrito original, y este también acabó perdiéndose.

El tercer acto de Cardenio se produce en el siglo XXI, cuando la obra desaparecida regresa a los teatros ingleses. Pero ¿cómo se representa una obra que no existe? Una posibilidad es lo que hizo el gran especialista Stephen Greenblatt que con ayuda de un dramaturgo norteamericano escribió un nuevo texto. Otra posición es decir que no está perdida sino que es una obra atribuida a otro autor, en este caso Thomas Middleton. Y la solución intermedia es utilizar el texto de Theobad intentando borrar su contribución, como hizo la Royal Shakespeare el año pasado. «Todo esto -según Chartier- certifica la capacidad de pervivencia de los clásicos, que subsisten sin ser leídos».