CRÍTICA

Aún y siempre la melancolía

'Mi amor en vano' es la novela más lograda de Puértolas

Soledad Puértolas, el lunes, en el paseo de Gràcia de Barcelona.

Soledad Puértolas, el lunes, en el paseo de Gràcia de Barcelona. / EFE / TONI GARRIGA

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DOMINGO RÓDENAS

Tanto el realismo como el sentimentalismo llevan algo más de un siglo desacreditados en la narrativa de ambición literaria. Ello no significa que no se hayan escrito, publicado y leído novelas realistas y amasadas con harinas sentimentales, de hecho esas son las que suelen obtener la aprobación del público mayoritario y, por lo tanto, las que tiende a favorecer la industria editorial. Entre estas, como ocurre con las otras novelas comprometidas en nuevas formas de representar (o explorar) la experiencia moral y estética, hay productos deleznables y otros dignísimos —e incluso admirables— que eluden la baratija emotiva, los esquemas consabidos y los trucos de manual. Es aquí donde se sitúa la última novela de Soledad Puértolas (Zaragoza, 1947), Mi amor en vano, quizá la más lograda de las suyas.

UNA TELARAÑA / Pululan por ella unas figuras creíbles y con muchos dobleces que se cruzan en una telaraña de desilusiones, esperanzas, fiascos y confidencias muy parecidos a los de cualquier hijo de vecino. Y de vecinos va la cosa, puesto que Esteban, inválido tras sufrir un grave accidente y mientras sigue una dura rehabilitación, se muda a una comunidad donde conoce a Violeta y, a través de su juvenil frescura, a su madre Dayana, el personaje mejor delineado de la novela y que merecería un spin-off. Mientras Esteban intenta frenar su autocompasión y va conociendo a sus nuevas vecinas, crece su atracción sexual hacia la altiva Teresa, una de las pacientes que acuden al Centro de Rehabilitación y en cuyo camino se cruzará, ay, un masajista negro, Julio, inquilino en la misma escalera.

Mucho de lo que sucede es pasado y, en consecuencia, mucho se ha transmutado en relato. De ahí que la mayor parte de Mi amor en vano esté formada por las conversaciones en las que los personajes cuentan para otro su vida anterior y, al contarla, desencadenan su propio e involuntario retrato. El narrador, Esteban, es reservado y parece más interesado por empaparse de su nuevo entorno humano que por evocar su vida anterior, como si esa restricción fuera factible. Pero las pérdidas que desea conjurar, causadas por el accidente, son irrevocables, casi tanto como las nuevas mermas y los fogonazos de dicha allí donde parecía no quedar casi nada.

3MI AMOR EN VANO

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Anagrama. 224 p. 16,90 €