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EXPOSICIÓN DE UN REVOLUCIONARIO DEL ARTE

Schiele, erotismo y soledad

El Guggenheim de Bilbao recorre la trayectoria del expresionista austriaco a partir de su obra gráfica

Las piezas, desnudos, retratos y autorretratos provienen del Albertina de Viena

NATÀLIA FARRÉ
BILBAO

Egon Schiele es sinónimo de sexualidad y erotismo. A sus óleos y dibujos de desnudos femeninos les debe el artista parte de su fama -también a la maestría de su trazo, por supuesto- y alguno de los capítulos más funestos de su existencia, como el encarcelamiento durante 24 días por «exhibición de desnudos eróticos». Fue en 1912, y la acusación inicial, infundada, fue la de secuestro y violación de una menor. El escándalo, agravado por el amancebamiento del artista con su amante y el uso frecuente de niños y jóvenes como modelos, se cerró con la corta condena que dio como resultado 13 dibujos -interiores de la prisión- que poco o nada tienen que ver con su producción normal. Seis de estas piezas, más un amplio número de desnudos, retratos y autorretratos llenan desde hoy, y hasta el 6 de enero, las paredes del Guggenheim de Bilbao.

La exposición reúne obra gráfica -acuarelas, aguadas, grabados y fotografía- de este artista que, junto a Oscar Kokoschka y Gustav Klimt, es uno de los grandes pintores austriacos del siglo XX. Son 97 piezas procedentes del Albertina de Viena y escogidas por su director, Klaus Albrecht Schroeder, que recorren la corta, apenas una década, pero intensa trayectoria de este expresionista que murió a los 28 años, en 1918, a causa de la gripe española, pero que supuso una revolución en el mundo del arte por su tratamiento del desnudo erótico.

«En el dibujo es donde más se libera. La esencia de la obra es la misma que en la pintura pero la plantea de una forma distinta, más personal y libre», afirma Lucía Aguirre, conservadora del museo bilbaíno. Y es que Schiele, a diferencia de Klimt, consideraba el dibujo como una obra de arte en sí. Quizá por ello si se equivocaba empezaba una nueva pieza, de manera que en sus obras el trazo siempre es seguro y directo y no hay nunca pentimentos.

Sí hay soledad, miedo, angustia y desgarro en la expresión de sus anoréxicos personajes. Hombres, mujeres y niños de manos y brazos exageradamente alargados que muchas veces no parecen pertenecer al mismo cuerpo que el rostro. Un expresionista lenguaje corporal que responde tanto a la influencia de la fotografía documental médica que retrataba la histeria de las mujeres como a la fotografía erótica de Otto Schmidt. La Teosofía y el espiritismo -de aquí las aureolas blancas que rodean muchas de sus figuras- además de Klimt y el modernismo vienés, también llamado secesión, son otras de sus influencias.

Influencia de Gustav Klimt

La exposición se abre con dos dibujos del artista anteriores a su ingreso en la Academia de Bellas Artes. Y continúa con unas postales que nunca se imprimieron donde la influencia de Klimt es evidente. A partir de aquí retratos, autorretratos y desnudos, muchos de los cuales hablan de la ausencia. ¿Dónde está la silla de Muchacha desnuda sentada (1910) y el instrumento de El violonchelista (1910)? «No hay nada donde agarrarse, una reflexión muy actual», apunta Schroeder. Y todos muestran figuras suspendidas en el aire: ¿Gerti ante telas ocres (1910) está tumbada o apoyada en una pared? Y así hasta llegar a las figuras ya no tan delgadas de 1914 y más relajadas de 1917, para conseguir el éxito en la gran exposición de la secesión vienesa de 1918. Y morir.