EL ÚLTIMO LIBRO DEL AUTOR DE 'STALINGRADO' Y 'BERLÍN. LA CAÍDA'

Todo el drama de la guerra, según Beevor

El historiador presenta su historia general de la segunda guerra mundial

El historiador británico Antony Beevor, ayer en Madrid.

El historiador británico Antony Beevor, ayer en Madrid. / JUAN MANUEL PRATS

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ERNEST ALÓS
MADRID

Los lectores fieles de Antony Beevor tienen ante sí un reto monumental: La segunda guerra mundial (Pasado & Presente). Ya no el relato de episodios como Stalingrado, Berlín, Creta, la liberación de París o el Día D sino todo esto y más. Más de 1.200 páginas en que el historiador-narrador británico consigue seguir explicando historias tan vivas como en sus anterior libros al mismo tiempo que dibuja el panorama general del conflicto y penetra en nuevos territorios, como las campañas del Pacífico y, sobre todo, China. Pero, ¿por qué otra historia de esa guerra, otra vez más?  Una cita del periodista soviético Vasili Grossman sobre Treblinka, que Beevor recoge en su libro, quizá da una respuesta: «La obligación del escritor es explicar esta terrible verdad, y la obligación cívil del lector es conocerla». Beevor, en Madrid para presentar su libro, se explica perfectamente la «fascinación, incluso entre las jóvenes generaciones», que no ha desaparecido.  En la guerra, y en aquella más que en ninguna otra, «se tienen que hacer elecciones de índole moral, y esas decisiones son el drama humano».

¿LA ÚLTIMA GUERRA JUSTA? / ¿Fue la segunda guerra mundial la última guerra justa, o una demostración de realpolik? «La guerra es por definición injusta», responde, realista, este antiguo oficial del 11º de Húsares, discípulo del historiador John Keegan, que dejó la carrera militar por la literatura. Hablando de elecciones morales, ¿para Beevor son comparables de alguna manera las matanzas de Stalin y el Holocausto, los bombardeos sobre civiles de alemanes, británicos o norteamericanos? «Siempre hay el debate entre Hitler y Stalin...

-contesta- Sájarov tenía razón cuando dijo que quizá Stalin mató a más gente, pero solo porque Hitler fue derrotado primero. Si no, no solo hubiese desencadenado el Holocausto; también el Plan del Hambre para matar a 35 millones de eslavos. Pero si es peor o no un genocidio político o de clase o un genocidio racial, eso es una cuestión para la filosofía moral que no debe contestar». En cuanto a su país, idealismo el justo: «Hitler fracasó a la hora de entender la posición británica, no se trataba de la defensa de Polonia, o de razones morales contra el nazismo, por no hablar de los judíos, sino de su histórica estrategia del equilibrio de poderes».

ARRIBA Y ABAJO / En las distintas historias generales del conflicto, algunas cargan más las tintas en los testimonios directos, otras en la gran estrategia. En esta, Beevor busca «integrar la historia desde arriba y la historia desde bajo: ver cómo las decisiones de Hitler y Stalin afectaban a la vida de los soldados (y los civiles)». A pesar del peligro de abrumar con la descripción de operaciones militares, como en todos sus libros, el autor busca construir una narrativa: «La historia no es una ciencia. Eso una idea ridicula», opina. Narrativa, pero rehuyendo la mitología de los grandes generales -«el periodismo y sus cámaras hicieron que Montgomery, McArthur o Clark acabasen obsesionados por su propia imagen, y esto tuvo consecuencias sobre sus soldados»- y la fascinación por románticos bichos raros como el «desequilibrado» Orde Wingate. También es muy frío con Rommel. «Se convirtió en un mito para los británicos pero fue odiado por muchos de sus oficiales, porque arriesgaba las vidas de sus hombres innecesariamente. Y cometió muchos errores».

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ESTE Y OESTE / En el inicio de su libro, Beevor señala como un episodio crucial los combates entre chinos y soviéticos en Khalkhin-Gol en la primavera de 1939. ¿Por qué no el incidente del puente de Marco Polo de 1937, como señalan otros autores? Beevor utiliza este incidente para explicar hasta que punto los distintos teatros de guerra estaban interrelacionados, al igual que rescata la figura del pobre Yang Kyoungjong, un coreano que fue hecho prisionero y reclutado sucesivamente por japoneses, soviéticos, alemanes y estadounidenses. «Es el punto de inicio del libro, no de la guerra. Es difícil llegar a decir que la guerra empezó en 1937 en China en lugar de en 1939 en Polonia, es un conflicto que se convirtió en parte de la segunda guerra mundial, pero que podría haber existido sin la segunda guerra mundial». Es la primera vez que Beevor escribe sobre la guerra en Asia. Pero el principal rasgo distintivo de su libro, más que la guerra en el Pacífico, es la integración del teatro de guerra chino en el cuadro general. «Fue una parte importante de la segunda guerra mundial, pero también lo es hoy. No podemos entender China y la proyección de su poder hacia el mundo sin el resentimiento de China hacia las potencias occidentales durante todo el siglo XX».  En su anterior libro, El día D, Beevor fue criticado por equiparar la letalidad de los combates en Normandía y en el frente ruso. «Se trata de equilibrar, porque en el pasado tendimos a infravalorar los combates entre Normandía y París. Pero evidentemente el 90% de la guerra contra Alemania se ganó en Rusia», precisa el historiador.

¿GUERRA CALIENTE? / En el capítulo final del libro, Beevor insinúa que la guerra fría podría haber sido caliente. Si bien califica de elucubraciones  de Churchill los planes para seguir la guerra contra la URSS, sostiene los de Stalin eran reales y solo suspendió su ejecución por miedo a la bomba atómica. Quizá algún día los archivos soviéticos lo aclaren.