29 oct 2020

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Leonard Cohen emociona con sus 'Old ideas'

El cantautor canadiense inició anoche en Gante su nuevo 'tour' mundial con un refinado recital

El concierto se abrió con 'Dance me to the end of love' y recaló en el nuevo disco, el primero en ocho años

JORDI BIANCIOTTO / Gante

Nos equivocamos cuando pensamos que la gira que le trajo en el 2009 al Palau Sant Jordi sería la última. Leonard Cohen recupera el tiempo perdido, los años de retiro en el monasterio zen y los de perplejidad tras el desfalco perpetrado por su mánager, Kelley Lynch, y ya vuelve a estar en la carretera. Anoche estrenó su nueva gira en Gante (Bélgica) ante varios miles de personas en respetuosísima actitud de éxtasis.

Fue el primero de cinco recitales consecutivos en la ciudad flamenca, en el marco monumental de la plaza de Sint-Pieters, que ya acogió a Cohen hace dos años y donde se instalaron gradas y el enorme escenario que el 3 de octubre ocupará el Palau Sant Jordi. La cita atrajo a fans de todo el mundo que le dedicaron una «hermosa y cálida bienvenida», como celebró Cohen al ver el exaltado paisaje humano que tenía ante sus ojos. En la platea, un colectivo de fans contruyó, con hojas de papel, el mensaje «Thank you for touching our souls» (traducción de campaña, algo así como «gracias por tocarnos la fibra», pero en místico).

El recital comenzó a andar a las ocho de la tarde, es decir, con luz diurna, y la canción elegida fue la misma que en la última gira, Dance me to the end of love. Novedad: el violín del moldavo Alexandru Bublitchi, un músico cazado vía Javier Mas (reclutado, de nuevo, en esta campaña) a raíz de los conciertos Acordes con Cohen, organizados por Alberto Manzano en escenarios españoles en el 2006 y 2007.

VIOLÍN EN LUGAR DE SAXO / La banda es en su mayor parte la misma que vimos hace tres años en el Palau Sant Jordi, aunque con algunos retoques: además del violinista balcánico tenemos un nuevo, aunque conocido, guitarrista, Mitch Watkins, que tomó parte en las giras de 1979-80 y 1985, y que suple a Bob Metzger, baja a última hora por enfermedad. También ha quedado fuera de la formación el saxofonista Dino Soldo, aunque este cambio es debido a razones artísticas. Ahora, sin saxo y con violín, la Cohen Band ha ganado en sabor y raíz, y ha reforzado los perfiles más melancólicos.

Los recitales vuelven a ser largos, de más de tres horas con una pausa en el ecuador. En Gante, la primera parte incluyó cinco canciones de Old ideas, el nuevo disco: Going home, Darkness (que ya había sonado ocasionalmente en la última gira), Amen, Come healing y Different sides. Cohen, que en septiembre cumplirá 78 años, mantuvo el venerable aspecto de eterno galán otoñal, con su conocida voz opaca y su sentido del humor. «Hay algo muy, muy importante que quería deciros..., pero se me ha ido de la cabeza. Pero es algo extremadamente importante», anunció antes de cantar, naturalamente, I can't forget.

VOCES ACROBÁTICAS / Ese primer bloque, de una hora y 20 minutos, incluyó la larga y apocalíptica The future, donde las hermanas Hattie y Charley Webb, «coristas y acróbatas», como las presentó el canadiense, dedicaron al público sus primeras piruetas. Hubo viajes al pasado más espartano con Bird on the wire, con un aire muy bluesy, y un Everybody knows que acabó alterando su tempo marcial en un crescendo casi festivo.

Y, por supuesto, hay que hablar de Javier Mas, provisto de su repertorio de laúdes, archilaúdes, bandurrias y guitarras de 12 cuerdas. Cohen se postró ante él más de una vez, como queriéndole escuchar más cerca y más hondo. El aragonés centró focos y miradas en la larga introducción de Who by fire. Al otro extremo del escenario, el izquierdo, las Webb Sisters, con aspecto más señorial, menos teenager que la última vez, cantaban como si estuvieran flotando entre las nubes: mirada perdida en el horizonte y armonías celestiales. El idóneo contrapunto era la voz, más corpulenta, de Sharon Robinson.

Tras el canto poco menos que sobrenatural de Anthem llegó la pausa y, luego, un segundo set que comenzó a andar con Tower of song y que muy pronto incluyó la totémica Suzanne. Ya en la oscuridad, con el sol escondido tras los edificios neoclásicos de Gante, Cohen desplegó un repertorio más centrado en su obra clásica, que al cierre de esta edición apuntaba hacia Hallelujah y Take this waltz. Canciones monumentales, que siguen sacudiendo sensibilidades, y que pronto volverán a sonar en Barcelona.