13 ago 2020

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Los últimos secretos de un escritor universal

Federico, vida secreta

La novela 'Los amores oscuros' desvela un posible romance de Federico García Lorca

ELENA HEVIA / Barcelona

La vida sentimental de Federico García Lorca no fue afortunada. A la frustración intrínseca a todas sus historias amorosas se unía el secreto bajo el que el poeta granadino mantuvo el nombre de sus amores, ya fuesen correspondidos o no. No estaban los primeros años del siglo XX en España para vivir la homosexualidad de pleno derecho. Durante años se consideró su muerte como un crimen político, pero en la complejidad del enigma del asesinato es imposible no tener también en cuenta la homofobia.

Setenta y cinco años después de aquella muerte que conmocionó al mundo, una novela del periodista gaditano Manuel Francisco Reina Los amores oscuros (Temas de hoy) pone el foco en el que quizá fue el último secreto del autor de Poeta en Nueva York. Juan Ramírez de Lucas era un joven de 19 años, actor aficionado y opositor a la Administración pública cuando conoció a Lorca. A pesar de haber escrito una obra de ficción, Reina asegura tener numerosas fuentes orales en el círculo de íntimos de Lorca, especialmente en la familia Ucelay, pues fue Pura Ucelay, una destacada miembro del Liceum y directora del club teatral Anfistora, quien los presentó.

El descubrimiento de Ramírez en realidad no es nuevo, pero apenas se sabía nada de la relación. Fue el primer biógrafo de Lorca, el norteamericano Agustín Penón, quien recoge que en 1936 García Lorca andaba loco por Juan. «Le prometía que iba a convertirle en gran actor que le llevaría al extranjero, a todos los teatros y que sería el actor más famoso del mundo», aseguró Pura Ucelay a Penon.

INTERPRETACIONES / No fue así. Tras la muerte del poeta, Ramírez de Lucas se convirtió en un historiador del arte popular y guardó celosamente el secreto de sus amoríos durante toda su vida, que acabó en el 2010. Hasta ahí los hechos, a partir de ese momento vienen las interpretaciones. Para Reina, que sitúa el inicio de la relación entre ambos al regreso de Lorca de su viaje a Argentina y Uruguay, en 1934, el amor fue correspondido, apasionado y completo y la novela se encarga de recrearlo con grandes dosis de idealizado romanticismo. «Ramírez de Lucas se echó la culpa toda su vida de la muerte del poeta que cambió sus planes de marcharse a México inmediatamente a la espera de que él obtuviera el permiso paterno para poder acompañarle. Fue tal su dolor que necesitó 50 años para rehacerse sentimentalmente y volver a tener una pareja».

Para el hispanista Ian Gibson, que ya había recogido en sus trabajos el descubrimiento de Penón, el de Ramírez de Lucas fue un amorío más. «Lorca tuvo muchas aventuras y solo unas pocas de sus historias fueron significativas. En la cumbre de su popularidad apenas podía salir a la calle porque sus admiradores se le echaban encima. Era alguien excepcional y todo el mundo quería formar parte de esa excepcionalidad», asegura con excepticismo.

También controvertida es la idea, sostenida por Reina, de que el destinatario de los famosos Sonetos del amor oscuro de carácter claramente homosexual, escritos en Valencia en noviembre de 1935, es Ramírez de Lucas y no Rafael Rodríguez Rapún, su amor documentado en aquellas fechas. Tanto Gibson como el estudioso lorquiano norteamericano Andrew A. Anderson sostienen que es muy difícil que se refieran a Ramírez de Lucas. «Se necesita una mayor documentación para asegurar eso», admite Gibson, al tiempo que desea que la familia del fallecido crítico de arte decida por fin publicar los archivos de Ramírez de Lucas, diarios y correspondencia, que podrían arrojar luz a los hechos. En la carta de Lorca a Ramírez desvelada por El País se percibe más amistad que apasionamiento, mientras que en el romance inédito también revelado -«y sin gran valor literario», según Anderson- fechado en 1935 resulta imposible deducir la continuidad de la historia.

Anderson asegura que en noviembre de 1935, cuando Margarita Xirgu estrenó en Barcelona Doña Rosita la soltera en el Principal Palace, Lorca seguía manteniendo relaciones con Rapún. «El director teatral Rivas Cherif, su confidente, dijo que hubo un episodio de celos con un miembro de La Barraca y estudiante de ingeniería, a quien denominó con la inicial, R. y que solo podía ser Rapún y no Ramírez, quien no pertenecía al grupo itinerante y no estudiaba esa carrera». Para Gibson, el vínculo con Rapún, muy documentado, se mantuvo hasta el final de la vida del poeta.

Para ambos lorquianos es de crucial importancia que se hagan públicos los documentos de Ramírez, para los que la familia de momento no tiene decidido el destino final. «Espero que nadie decida destruir nada», advierte Gibson, que lamenta la desaparición intencionada o no de documentos que obraban en poder de Carlos Morla Lynch y de Rafael Rodríguez Nadal, dos amigos muy directos, «a causa de una fidelidad mal entendida a García Lorca». Reina, que empezó a escribir su novela con la bendición de la familia Ramírez aunque más tarde se rompiera ese vínculo, teme que algunos documentos se hayan perdido: «Quizá por desconocimiento de su importancia».

Ramírez se pasó la vida rechazando hacer declaraciones sobre su relación con el poeta -se negó a dejarse entrevistar por Gibson-.

Reina dice no temer que la apertura del archivo contradiga su tesis de que hubo un gran amor. De momento, lo único seguro es que Ramírez frente a los más íntimos solía decir: «Yo fui amigo de Lorca tres meses».