EL LIBRO QUE CLOONEY LLEVARÁ AL CINE

Guerreros del arte

'The monuments men' narra cómo se impidió el expolio cultural nazi

Dale V. Ford y Harry Ettingler (derecha) inspeccionan el ’Autoretrato’ de Rembrandt rescatado de Heilbronn

Dale V. Ford y Harry Ettingler (derecha) inspeccionan el ’Autoretrato’ de Rembrandt rescatado de Heilbronn / ADMINISTRACIÓN NACIONAL DE ARCHIVOS DE EEUU

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NATÀLIA FARRÉ / Barcelona

En 1944, en plena retirada del Ejército alemán, los nazis entraron de madrugada en la catedral de Brujas y se llevaron escondida entre colchones y en un camión de la Cruz RojaLa Madona de Miguel Ángel. Antes, en 1941, no tuvieron ningún reparo en descolgarEl astrónomode Vermeer ¿una de las obsesiones de Hitler¿ de las paredes de la mansión parisina de los Rothschild. Eso fue después de robarLa dama del armiño de Leonardo da Vinci, en Cracovia, y antes de apoderarse deEl cordero místico de Van Eyck.

Son cuatro de los más de cinco millones de objetos artísticos que fueron confiscados por el Ejército alemán y trasladados a los territorios del Tercer Reich durante la segunda guerra mundial. ¿Su destino? El Führermuseum de Linz, el mayor, el más espectacular, el más imponente museo de arte del mundo, que Hitler soñaba construir en su ciudad natal y que debía custodiar las obras maestras de la historia del arte. Otros tenían como objetivo acabar en las colecciones privadas de los dirigentes nazis, como Goering. Pero también había otros planes: su destrucción en caso de perder.

ENTRE FLORENCIA E IRAK

Así las cosas, ¿cómo se evitó su desaparición? ¿Cómo se recuperaron? ¿Cómo se consiguió impedir la voladura de la mina de Altaussee, el mayor depósito de arte expoliado? Hacia el final de la guerra, los aliados crearon la Sección de Monumentos, Bellas Artes y Archivos con soldados y oficiales relacionados con el mundo del arte y cuya misión era utilizar sus conocimientos para recuperar, catalogar y devolver a su legítimo lugar las piezas robadas por los alemanes.

Eran losmonuments men. «Una brigada que ni empuñaba ametralladoras, ni pilotaba tanques; individuos que no eran hombres de Estado; hombres que no solo supieron prever la grave amenaza que pesaba sobre los mayores hitos culturales y artísticos de la civilización, sino que acudieron al frente para intentar evitarla», según explica Robert M. Edsel enThe monuments men (Destino), la novela que narra uno de los más desconocidos capítulos de la segunda guerra mundial y que George Clooney llevará al cine como director y protagonista.

Edsel, un empresario norteamericano dedicado al petróleo, topó con la historia en los 90, cuando vivía en Florencia. "Me preguntaba, si Europa estaba tan devastada por la guerra, ¿cómo pudieron sobrevivir tantos tesoros artísticos? ¿Quiénes los salvaron?", explica a través del correo electrónico. La respuesta llegó tras años de investigación y salió a la luz tras otro gran expolio cultural: "Me decepcionó la forma en que mi país, EEUU, gestionó las consecuencias del saqueo del Museo Nacional de Irak en el 2003. Estaba particularmente molesto porque conocía el legado de losmonuments men. Fueron detectives del arte que rastrearon millones de objetos culturales robados por Hitler y los nazis. En 1951, habían devuelto a sus países de origen más de cinco millones de piezas". Por eso se decidió a escribir primeroRescuing Da Vinci y ahoraThe monuments men.

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El libro narra la crónica de los hechos a partir de la historia de 10 de los guerreros del arte que los protagonizaron, como la del soldado Harry Ettlinger, un judío alemán de Karlsruhe que escapó de la persecución nazi en 1939. Su abuelo tenía una gran colección de grabados. El mejor partía delAutorretratode Rembrandt expuesto en el museo de la ciudad, obra que Ettlinger no puedo ver de pequeño por ser judío y que contempló por primera vez en 1945, cuando comomonuments mandescendió más de 200 metros hasta el fondo de la mina de Heilbronn para rescatarlo.

DA VINCI, VERMEER Y MIGUEL ÁNGEL

La dama del armiñoapareció en casa del gobernador de la Polonia ocupada. YLa Madona,El astrónomo yEl cordero místico se recuperaron de la mina de Altaussee, días después de que alguien evitara la detonación de ocho bombas colocadas en las galerías por un nazi dispuesto a borrar el patrimonio cultural europeo.