05 abr 2020

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Festival de cine en Cannes

Cronenberg fabula sobre la crisis del capitalismo

El director reinventa al 'vampiro' Pattinson en la irregular 'Cosmópolis'

NANDO SALVÀ

Quien haya leído a Don DeLillo y conozca su costumbre de arrojar al lector al interior de laberintos de palabras, frases y líneas narrativas, entenderá por qué se dice que sus obras son inadaptables al cine. A menos, claro, que de ello se encargue el mismo hombre que convirtió otras novelas infilmables como El almuerzo desnudo o Crash en películas maestras: David Cronenberg, que ayer presentó al concurso en Cannes su versión de Cosmópolis o, lo que es lo mismo, una película desconcertante, asombrosa, excitante, irritante, hipnótica y tediosa por igual.

Lo que Cosmópolis nos cuenta no es sino una fábula sobre el capitalismo, encarnada por un joven tiburón de las finanzas (el vampiro Robert Pattinson, de la saga Crepúsculo, en una asombrosa reinvención) que, a pesar del derrumbe económico y la amenaza de un caos, o quizá a causa de ello, solo piensa en cruzar Manhattan a bordo de su limusina para cortarse el pelo. Durante el trayecto, mientras protagoniza exámenes de próstata, sexo urgente o alucinadas teorías financieras, contempla a través de los cristales ahumados el espectáculo de una sociedad en proceso de explosión. «Durante el día rodábamos esas escenas de disturbios y por la noche había gente real que quería ocupar Wall Street», recordó ayer el director. Da igual, pues, que DeLillo escribiera su libro en el 2003. Cosmópolis habla de nuestro tiempo.

A pesar de ello, no es una obra realista. Cronenberg la dirige a la manera de una suerte de cruel teatro del absurdo, con el fin de convertir en real lo psicológico. Y eso, sin duda, es más difícil de lograr en la pantalla que en una página. «El libro contiene unos diálogos perfectos», comentó el director, por lo que los trasladó a la película «casi palabra por palabra». Al parecer, tardó solo seis días en completar el guión, y eso sugiere cierta pereza que, inevitablemente, se percibe en la película. En Cosmópolis no hay rastro de la intrepidez visual y la compleja puesta en escena que convirtieron Crash, también una historia sobre coches y el apocalipsis, en un prodigio de creación de atmósferas, y por tanto resulta no solo no suficientemente amenazante, sino por momentos hasta rutinaria que, en cualquier caso, nos convence de que, puesto en las manos adecuadas, Robert Pattinson puede ser un actor magnífico.

Más profundo y demoledor que Cronenberg en sus pesimistas meditaciones sobre la condición humana resultó ser el ruso Sergei Loznitsa, experto documentalista que hace dos años obtuvo aquí el premio al mejor director con su primer largometraje de ficción, My joy (la demostración definitiva de que la Rusia contemporánea bien podría llamarse Averno).

BIELORRUSIA Y LOS NAZIS / In the fog, su nuevo trabajo, es un apabullante drama psicológico que pone en conflicto las agónicas decisiones éticas que afrontan tres hombres atrapados en la Bielorrusia ocupada por los nazis. De forma austera y precisa, sin abandonarse a discursos patrióticos o pacifistas, Loznitsa demuestra lo que la guerra extrae de las profundidades del alma del hombre. Que nadie se extrañe si acaba volviendo a casa con un premio bajo el brazo.