05 abr 2020

Ir a contenido

Ideas

Cultura o piscinas

JAUME SUBIRANA

No les digo nada que no sepan si evoco los problemas de supervivencia de muchas iniciativas culturales en esta era de recortes y liberalismo afilado. Por definición, la cultura debería flotar sobre la circunstancia económica, pero hoy toca tirar un cohete por cada evento como la Primavera poètica de La Garriga, hasta el 2 de junio gracias a Òmnium Cultural, el ayuntamiento, la ILC, empresas locales y el trabajo desinteresado de voluntarios como Albert Benzekry. O al saber, mientras oímos cada día los tambores del unitarismo español y el Gobierno de Rajoy recorta en los presupuestos la partida del Institut d'Estudis Catalans, que la UOC acaba de nombrar Doctora Honoris causa a la menorquina Aina Moll, numeraria del IEC y primera Directora general de Política lingüística de la Generalitat.

Normalizar una lengua, leer versos en público: ¡qué desperdicio! «¿Por qué gastar en esto si hay que cerrar quirófanos?», oímos. Lo dicen los que a menudo son del mismo color de los que esperan privatizar a precio de ganga los quirófanos cerrados, del color de los que creen que 55.200 euros son más necesarios para la piscina de la Embajada de Riad que para una academia de la lengua. Según el Manifiesto de Girona sobre Derechos Lingüísticos aprobado el año pasado por el PEN Internacional, «la diversidad lingüística es un patrimonio de la humanidad, que debe ser valorado y protegido». Si la lengua (y por tanto la cultura) son patrimonio, el debate de verdad no debe ser entre cultura y quirófanos, sino entre cultura y piscinas. Si cada comunidad tiene derecho a invertir en lo que vea más adecuado: ¿queremos una piscina en Arabia o una red de entidades y actos culturales por el país?

No sé si hemos vivido un espejismo ahora truncado por la crisis, pero sé que hoy toca recuperar convencimiento e implicación por cosas que creíamos que marchaban solas. Y hacerlo sin perder de vista lo que importa, y quién lo defiende o se lo carga.