Vigencia de un maestro de las letras norteamericanas

La crisis según Scott Fitzgerald

Una nueva película sobre 'El gran Gatsby' y diversas reediciones devuelven a un autor más actual que nunca

Francis Scott Fitzgerald y su esposa, Zelda Sayre, en los años 30.

Francis Scott Fitzgerald y su esposa, Zelda Sayre, en los años 30.

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ELENA HEVIA
BARCELONA

En los mentideros de Hollywood solía contarse que un día de 1940, poco antes de la muerte de Francis Scott Fitzgerald, Dorothy Parker le visitó en su oficina de la Metro, un despacho tan tétrico como el deBarton Fink, la película de los Coen inspirada en el fin del escritor. Allí, un decrépito Scott Fitzgerald de 44 años, machacado por el alcohol y la tuberculosis, se dedicaba a coleccionar botellas de coca-cola que disponía en fila como si fuera un dominó. Cuando Parker le preguntó por qué lo hacía, él respondió que cuando no cupiera una más, moriría... La anécdota ilustra a la perfección el tipo de pensamiento mágico que alimenta la literatura y la vida del malogrado autor deHermosos y malditos. Un mundo donde el deseo y su frustración tienen un valor mayor que la realidad.

Han pasado más de 70 años desde la muerte del escritor y aquí estamos en una nueva crisis semejante a la del 29, que él tan bien supo profetizar y retratar. La vigencia de Scott Fitzgerald se revela hoy a través de muchos signos. Para empezar, el factor económico. Los derechos de autor de las obras de Fitzgerald han caducado y eso está facilitando la recuperación de buena parte de sus novelas, cuentos y ensayos, como también se espera, a finales de año, una nueva versión cinematográfica de su obra maestra,El gran Gatsby, dirigida por Baz Luhrmann con Leonardo Di Caprio en el papel estelar, que quizá relance otra vez a escala popular el universo fitzgerald y su estética, como ya hizo en los 70 la versión protagonizada por Robert Redford. Coincidiendo con ese auge, hasta tres traducciones al castellano distintas -incluyendo la versión de Justo Navarro para Anagrama- ha tenido esa novela en los últimos meses.

Más señales de su vigencia. El propio Fitzgerald es una de las claves secretas de la última novela de Enrique Vila-Matas,Aire de Dylan, que gira alrededor del concepto del fracaso y desvela algunas historias de su demoledora experiencia como guionista en Hollywood. «De Fitzgerald, lo que más me interesa -explica Vila-Matas- es su capacidad, absolutamente deslumbrante, para presentarnos personajes que no hacen nunca nada en serio y, sin embargo, uno siempre tiene la sensación de que solo ellos son gente racional, gente que en el momento en el que toman contacto con lavida seria de su época, todas las demás criaturas del universo parecen ridículas, todas lo parecen menos ellas, nada serias pero con una dignidad que los demás, aunque pasaran cien años, jamás lograrían».

Otro aspecto, quizá el más significativo, queda perfectamente ilustrado enEl Crack-up,la más reciente de las novedades de esta recuperación fitzgeraldiana. El libro misceláneo que su amigo Edmund Wilson seleccionó y editó a la muerte del escritor encierra entre otras cosas las reflexiones sobre la dorada y alocada Era del Jazz y el posterior Crack del 29, que parecen escritas ayer por la mañana. «Hoy cualquiera podría hacer un ensayo sobre la crisis que vivimos con ese título: elcrack-up,laquiebra», asegura el novelista y traductor Justo Navarro, fitzgeraldiano de pro.

El norteamericano fue el mejor testigo y cronista de su época. Según Navarro, trazó un paralelismo entre su vida y su obra con el periodo histórico que él estaba viviendo. Hay un arco que empieza en su primera novela,A este lado del paraíso, «que reflejará lo que luego será la sentimentalidad de la gente de su generación», pasa por la Era del Jazz, «una etiqueta que él mismo inventó», por la premonición de la caída enEl gran Gatsbyy se completa finalmente con su quiebra personal, familiar y económica en paralelo con el patetismo de su novelaSuave es la noche: «Su propia depresión psicológica coincide con la gran Depresión del 29». Para Navarro si alguien se dedicara a contar la historia de nuestro tiempo repetiría los mismos pasos que Fitzgerald: «Tuvo la habilidad de reflejar entonces y ahora lo que sentían las masas».

EL PODER DE LOS DESEOS / Para la posteridad, Fiztgerald es sobre todo el autor deEl gran Gatsby, «una de las mejores novelas de toda la historia de la novela», según Vila-Matas. Navarro sostiene que esa obra, con su creencia en el poder del hombre que se hace a sí mismo, encarna una manera contemporánea de ver el mundo. «Aunque luego llegue la realidad y nos ponga en nuestro sitio».

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La capacidad de Fitzgerald para conectar con el lector, y especialmente con el lector joven, parece no tener fecha de caducidad. Un ejemplo es la frase, que con tan solo 24 años escribió en su novelaA este lado del paraísoy que cualquier lector de hoy podría vincular al presente con un estremecimiento: «Una generación nueva, que se dedica más que la última a temer la pobreza y a adorar el éxito; crece para encontrar muertos a todos los dioses y tiene hechas todas las guerras y debilitadas toda las creencias del hombre».

Vila-Matas recuerda como Terenci Moix la incluyó al final de su novelaOnades sobre una roca deserta. «A finales de los años 60, era una frase plenamente vigente para la generación barcelonesa a la que pertenezco», asegura relativizando su poder de premonición. «Los hombres repetimos los fracasos generación tras generación, desde siempre. Así no es extraño que el sentimiento de fracaso resulte siempre un tema plenamente actual».