02 abr 2020

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Estreno: 13 de abril

Battleship Peter Berg

NANDO SALVÀ

Llevando aún más lejos su rastrera tendencia al reciclaje, Hollywood ha decidido ahora llevar a la pantalla un juego de mesa tan simplón que para practicarlo bastan un papel y un boli. En la línea de Transformers, también proviene de la línea juguetera Hasbro, Battleship es en esencia una carta de amor al aparato militar americano y su heroísmo patriotero, cargada de imponentes efectos digitales y grandes cantidades de ruido, una narración estúpida adornada de clichés y diálogos terribles, palabrería pseudocientífica, escenas en las que unos tipos gritan a unas pantallas de ordenador, y muchos hombres y mujeres de uniforme que huyen de explosiones. De hecho, las únicas diferencias con la saga de Michael Bay estriban en que aquí la historia transcurre predominantemente en el agua, en el trabajo de cámara -como de costumbre, el director Peter Berg privilegia la cámara en mano y los primeros planos- y en una bienvenida simpleza argumental.

Quizá haya un ánimo satírico en el método de la película, cierta autoconsciencia acerca de su propia estupidez. Sin embargo, eso no justifica que Berg muestre tras la cámara una torpeza hasta ahora impropia de él: la acción nunca crea una realidad geográfica que permita al histérico montaje retener cierta coherencia espacial, y el tono del relato da esquizofrénicos bandazos entre el humor de brocha gorda y deshonestas referencias a los veteranos de la segunda guerra mundial, al recuerdo del 11-S y a la guerra de Irak -el reparto incluye a un coronel que en 2007 perdió allí las piernas-- con el desesperado fin de dar cierta relevancia a una versión de 200 millones de dólares del juego de los barquitos.

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