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Los premios de la industria musical americana

El ermitaño y la diva 33 Bruce Springsteen, Joe Walsh, Rusty Anderson y Paul McCartney, al final de la gala de los Grammy.

Bon Iver y Adele protagonizan unos Grammy ensombrecidos por la muerte de Whitney Houston

JUAN MANUEL FREIRE

Fueron, como era de esperar, los Grammy de Adele y el músico indie Bon Iver -todo un feliz descubrimiento para muchos-, pero en cierto modo casi más los de Whitney Houston. La diva pop, fallecida prematuramente solo un día antes en Los Ángeles, ejerció su influencia sobre un evento que no tuvo demasiado tiempo para reaccionar y se limitó a prestar el micro a Jennifer Hudson para una versión de I will always love you, el baladón clave de la, hasta ahora, última víctima de la fama.

En cualquier caso, Houston estuvo presente durante toda la gala -que se celebró la madrugada de ayer-, tanto por los guiños a su figura por parte de los premiados como por la amplia presencia en el escenario de artistas femeninas que de uno u otro modo siguen su estela: musas del pop con nombres como Adele, Rihanna (aunque su pelo, esa noche, fuera más propio de Tina Turner), Taylor Swift (vengativa con la crítica en Mean), Nicki Minaj, Katy Perry…

El gran éxito de Adele -seis premios de las categorías clave, incluyendo disco y canción del año- confirma que la industria sigue pendiente de una forma de hacer música pop basada en la potencia y la técnica vocal; una tendencia que programas de televisión como American idol y The voice no hacen sino prorrogar. El espíritu puramente Idol estuvo presente no solo gracias a Jennifer Hudson -quien participó en el concurso, aunque duró poco-, sino también a otras antiguas concursantes como Kelly Clarkson y Carrie Underwood.

Los Grammy son premios de la industria y tiene toda la lógica, corporativa lógica, que sus mayores galardones hayan ido a parar a una de las artistas superventas de la pasada temporada. Y aunque no todo el mundo celebre las cuerdas vocales de la británica -en el diario The Guardian fue calificada de gran líder del Nuevo Tedio Musical-, es difícil negar la efectividad de un single como Rolling in the deep o la dignidad de 21, aunque tan solo sea por la mano en la producción del clásico Rick Rubin.

EL HÉROE ALTERNATIVO / Bon Iver, alias musical del músico indie Justin Vernon, se convirtió en el otro nombre importante de la noche con sus premios a mejor nuevo artista y mejor álbum alternativo (Bon Iver). Foo Fighters o Kanye West se llevaron más premios, pero de los suyos se habló más, porque gran parte del público estadounidense no conoce de nada el falsete demoledor de este prodigio indie rock. En Twitter, muchos escribieron su francófilo nombre como «Bonnie Bear», para después preguntarse quién era ese y enviarlo al carajo, sin más.

UNA HISTORIA SORPRENDENTE / La historia de éxito de Bon Iver es sorprendente y vale la pena recordarla-reconstruirla brevemente. En el 2007, Vernon trató de superar el fin de una banda (DeYarmond Edison), una ruptura amorosa y un ataque de mononucleosis. Dejó Carolina del Norte y volvió a su Wisconsin natal para encerrarse durante tres meses de invierno en una cabaña en los bosques. De allí salió con un disco de culto, For Emma, forever ago, original y demoledor, frágil y emotivo, que lo convirtió en favorito de la crítica y de los músicos.

El reciente Bon Iver ha acabado de afianzar su estrellato, al menos entre melómanos, y lo ha llevado a triunfar en los Grammy. Pero no quiso tocar en la ceremonia. ¿Por qué? Así contestó Vernon a Billboard: «Queríamos tocar nuestra música, pero nos dijeron que no podríamos tocarla. Teníamos que hacer una colaboración con alguien más…». A otros con instrucciones, oiga.

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