La semana BCNegra

Sherlock ya no mola

Los ingleses Jake Arnott y David Peace defienden una novela negra social y comprometida

El novelista autor de ’Crímenes de película’, Jake Arnott, charla con EL PERIÓDICO sobre su la última entrega de su trilogía. / EDU SOTOS.

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ELENA HEVIA
BARCELONA

Los escritores Jake Arnott y David Peace no se sienten muy acompañados en el actual panorama británico de novela criminal. El primero, más discreto, califica de «predecible» el tipo de novela que hoy se escribe en su país, esa que coloca a un detective en el centro de una investigación con el objetivo de armar un puzle y resolver la intriga. Una estrategia que parece haber evolucionado poco desde los tiempos de Sherlock Holmes. Peace resume su opinión con un contundente: «El 99% de la novela policiaca británica es una mierda».

Arnott y Peace tendrían que haber sido la pareja estrella en la BCNegra de este año. A la cita barcelonesa solo ha acudido Arnott, que presenta la novela Crímenes de película (Roja & Negra), cierre de la memorable trilogía sobre el mundo gansteril del swinging London. Peace, que también ha cerrado ciclo novelístico con 1983 (Alba), contesta vía e-mail desde Tokio, donde vive con su familia. Y aunque los dos expongan su rechazo a ser situados en una tendencia, incluso muestren sus reticencias a ser considerados únicamente autores policiacos -«me gusta pensar en la literatura de una forma más amplia», asegura Arnott-, lo cierto es que ambos se toman el género de una forma muy seria, alejada del mero entretenimiento.

«Creo que el género tiene el potencial y la responsabilidad de reflejar la sociedad. Siempre hay motivos económicos, sociales y políticos en el sustrato de una conducta criminal, quedarse solo con los crímenes de un tío loco es demasiado simple», escribe Peace. Su compañero, que se siente igualmente un autor profundamente político, considera que su trilogía londinense encierra algo parecido a un manifiesto estilo Bertolt Brecht, con la utilización de la imagen del gánster como crítica al capitalismo. «En La buena persona de Sechuan -dice Arnott- alguien se pregunta sobre cuál sería la diferencia entre asaltar un banco y fundar uno, una comparación muy pertinente en los tiempos que corren. Pues bien, mi trilogía está imbuida de ese espíritu».

TRILOGÍA PUNK / Delitos a largo plazo y Canciones de sangre, las dos entregas que preceden a Crímenes de película, forman una especie de fresco histórico rabioso y punk que abarca desde los años 60 hasta los 90. «Tengo predilección por la década de los 70 porque en esa época alcancé la mayoría de edad y viví de una forma muy intensa la cultura juvenil que está presente en estas novelas», dice Arnott, capaz de dibujar a alguien tan carismático como Harry Starks, un personaje repulsivo, violento, mitómano y cockney que entre otras variadas aficiones ¡lee a Foucault!

Los tipos complejos que pueblan las novelas de Arnott son gánsteres con conciencia de serlo, no muy alejados de los protagonistas de Pulp fiction o de los mafiosos de poca monta de Los Soprano. «Mis personajes se contemplan a sí mismos bajo el prisma de la seducción de los viejos gánsteres del pasado. El peligro para el escritor es considerarlos también bajo esa luz. A veces me han comparado a Tarantino pero creo que él no adopta la menor distancia con respecto a lo que cuenta, a él le da igual, tan solo le interesa el impacto».

Impacto y violencia extrema es lo que caracteriza la tetralogía de David Peace: «Siento que es importante mostrar el verdadero horror del crimen actual». Las novelas 1974, 1977, 1980 y 1983, el llamado Red Rinding Quartet, que dieron comienzo con las andanzas del Destripador de Yorkshire en el transfondo depauperado de la crisis económica de los años 80, que tanto castigó a esa zona en los años previos y posteriores al mandato de Margareth Thatcher.

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Como en el caso de Arnott también en las obras de Peace la estética y la música punk se sitúan en el trasfondo de ese retrato social con una intencionalidad clara. «Siempre que se mira hacia atrás, se corre el riesgo de ser nostálgico con el pasado. Pero yo rechazo esa intención. Mi único propósito es hablar de las circunstancias en las que esos crímenes sucedieron para impedir que algo así vuelva a ocurrir».

Arnott y Peace no están del todo solos en el panorama literario criminal de su país. Arnott menciona a Cathy Unsworth, inédita en España, como compañera de viaje: «Ha escrito una novela fantástica, The singer, ambientada en la época pospunk». Y puestos a asumir influencias, más allá de la deuda contraída por ambos con James Ellroy, Peace se decanta por los suecos. «Autores como Mankell y Larsson son la gran referencia, más abiertos y conscientes políticamente que la mayoría de los autores americanos o británicos».