FALLECE UNA DE LAS GRANDES FIGURAS DEL ARTE CONTEMPORÁNEO

Tàpies eterno

Los barceloneses podrán dejar sus condolencias en la fundación, hoy y mañana

El pintor, que trabajó hasta el último día, murió a los 88 años en su casa de BCN

Antoni Tàpies, en enero del 2004, en su estudio de la calle de Saragossa, de Barcelona.

Antoni Tàpies, en enero del 2004, en su estudio de la calle de Saragossa, de Barcelona. / JULIO CARBÓ

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NATÀLIA FARRÉ
BARCELONA

Sin palabras. Completamente mudo. Así respondió Arnau Puig, el último miembro vivo de Dau al Set y hablador por naturaleza, a la triste noticia de la muerte de Antoni Tàpies. Puig, el filósofo y ensayista del grupo, desbordado por la noticia e incapaz de articular palabra -más allá de un estremecedor «solo quedo yo»-, no pudo hablar del joven artista con el que buscó la séptima e imposible cara del dado después de la posguerra en lo que fue el primer movimiento vanguardista español. Ni del gran referente de la pintura y arte del siglo XX en que se acabó convirtiendo Tàpies, el último gran creador catalán que quedaba con vida tras la muerte de Dalí y Miró, uno de sus grandes referentes, junto con Picasso, a los que conoció.

RODEADO DE SU FAMILIA / Tàpies murió ayer por la tarde, en su casa del barrio de Gràcia, rodeado de su familia -tenía tres hijos y llevaba casi seis décadas casado con Teresa Barba- a los 88 años recién cumplidos (el pasado 13 de diciembre). Y poco después de presentar su última obra. Lo hizo en noviembre en la galería de su hijo, en Barcelona, como siempre había hecho. Porque, aunque llevaba años enfermo -su aparente fragilidad es la herencia de la tisis que sufrió en 1943-, trabajó hasta el último momento, ya fuera en su estudio de la calle de Saragossa o en su finca del Montseny . Y porque aunque era un pintor universal, uno de los grandes, el único español vivo con obra en la Tate de Londres, el Museo de Arte Moderno de Nueva York (Moma) y el Centro Pompidou de París, Antoni Tàpies seguía presentando sus últimas producciones en la ciudad donde nació, vivió, creó su fundación y generó alguna que otra polémica. La más sonada, la del calcetín que diseñó para el Museu Nacional d'Art de Catalunya (MNAC) en 1992.

Por expreso deseo de su familia, no habrá ceremonia de despedida pública. Pero sí la posibilidad de que sus conciudadanos se despidan del genio eterno de la materia, entre hoy (de 15.00 a 21.00 horas) y mañana (de 9.00 a 21.00 horas), en la Fundació Tàpies, donde habrá a disposición de los visitantes un libro de condolencias. El funeral se hará en la más estricta intimidad. Y el lugar y la forma del homenaje al pintor se anunciará más adelante. Aunque probablemente será en la Fundació que lleva su nombre y que exhibirá el próximo año una gran retrospectiva comisariada por Vicenç Todolí.

A Tàpies se le recordará sobre todo por ser el artista de lo matérico. Por la densidad de sus pinturas. Por el gesto. Por la caligrafía. Y los signos (las cruces, las T, las A, las flechas…). Un lenguaje que intensificó en la década de los 50, cuando según unos abandonó la figuración y según otros se volvió más abstracto pero manteniendo siempre un pie en la realidad. Y, cuando a raíz de la primera exposición en Nueva York, en la galería de Martha Jackson, dejó de ser un artista local para convertirse en un artista universal. Y total, porque Tàpies, además de pintar, escribió ensayos, coleccionó arte y cultivó una gran espiritualidad focalizada en el pensamiento oriental.

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Nada más conocerse su muerte, no cejaron las reacciones del mundo del arte y de la política. Manuel Borja-Villel, actual director del Museo Reina Sofía, destacó la vocación plural del pintor: «Era un gran coleccionista y un artista que escribía en un país donde la filosofía es 'yo pinto y nada más'». María Corral, que también fue en su día directora del Reina Sofía y de la Colección de Arte Contemporáneo de la Fundació La Caixa, puso el acento en «su gran influencia en la utilización matérica y de los elementos, en la parte visual». Elvira González, galerista habitual del pintor en Madrid, destacó «su fuerza y su personalidad».

Compañero de experiencias artísticas en el París de los años 50, el pintor madrileño Luis Feito, fundador del grupo El Paso, evocó aquellos buenos tiempos de relación cordial: «Una de mis primeras exposiciones en la capital francesa coincidió con una de las suyas y fuimos a ver nuestros respectivos trabajos». Tomás Llorens, exconservador jefe del Museo Thyssen, valoró: «Era el artista español más grande del siglo XX, junto a Picasso y Miró». Y el ministro de Cultura, José Ignacio Wert, dijo de él que fue «una de las figuras más prominentes del arte español de la segunda mitad del siglo XX».