La semana BCNegra

'Boom' negro y catalán

La novela policiaca de autor y ambiente local se multiplica y diversifica

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ERNEST ALÓS
BARCELONA

Hasta cinco mesas redondas tienen como protagonistas, en esta semana BCNegra, las novelas negras producidas y ambientadas en Catalunya, escritas en catalán o en castellano. Y no se trata de que el nuevo gobierno municipal haya decidido tirar de cuota. «El género ha renacido de una manera brillante, hay un nuevo boom con nuevas voces», reconoce el veterano Andreu Martín. Nuevas voces ya postcarvalhescas, con escenarios descentralizados (se pasa del Chino a otros barrios de Barcelona, y a otros paisajes de Catalunya), con detectives que ya no remedan las poses chandlerianas, con Mossos, nacionales y urbanos, con diálogos en catalán en novelas en castellano, y viceversa, con inmigración, con mafias extranjeras...

BARCELONA POSTCARVALHIANA

Ni nostalgia ni tremendismo en el Raval, ni historia de putas de buen corazón ni de canallas del Chino. Dos de las novelas negras más sólidas de los últimos tiempos situadas en Barcelona (No llames a casa, la amenaza lumpen sobre gente muy normal de Carlos Zanón, y la más convencional El verano de los juguetes muertos, de Toni Hill), muestran un cierto desapego por la ciudad como escenario. Ambos, argumentan, intentan reflejar una ciudad más real que los tópicos repetidos una y otra vez, pero a la vez creen que sus historias podrían desarrollarse en cualquier otro lugar.

LA TENDENCIA HISTÓRICO-CRIMINAL

Introducir un crimen en una novela histórica, o hacer viajar una novela negra atrás en la historia: dos estrategias que desembocan en una tendencia en la que podemos encontrar, además de algunas de las últimas novelas de Andreu Martín y Marc Pastor, en las Negres tempestes de Teresa Solana o en el Escolta, Volòdia, de Ramon Erra, a algunos de los mejores títulos recientes. Quan la nit mata el dia, del historiador y subinspector de la policía local de Figueres Agustí Vehí, retrata la policía del franquismo a partir del asesinato de un delegado local de Falange en 1958. Marta Banús se estrena como autora a los 62 años con El safareig dels morts, un crimen en el cerrado ambiente de una colonia textil del Berguedà.

INVESTIGADORES REINCIDENTES

Una de las buenas noticias de esta temporada es la confirmación, con su segunda novela, del filólogo-investigador Miquel Camiller, de Pau Vidal, que en Fronts oberts se desdobla en asesor lingüístico y agente informal de los Mossos. Porque la estrategia clásica de crear un investigador y convertirlo en eje de una serie sigue funcionando: los hermanos detectives Borja y Eduard Teresa Solana (que redirige la mirada hacia la Barcelona alta en L'hora Zen), el policía nacional Marc Sergiot, de Jordi de Manuel, y el colgado Max Riera de Xavier Moret, que cambia Barcelona por el Empordà en Tramuntana.

DESEMBARCOS EN EL GÉNERO

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Otro síntoma de buena salud: escritores con recorrido que se inician en el género negro. Sería el caso de Carme Riera, que en Natura quasi morta, asesorada por un Andreu Martín que le enseñó que los policías ya no son como los de los 70, mezcla en la UAB la novela criminal y la de campus. O el del escritor que se esconde bajo el pseudónimo de Nil Barral (segundo intento, con El Picasso desconegut) o el del castellonense Vicent Usó, con La mà de ningú, en la que un norcatalán veterano de Indochina encuentra un antebrazo mientras labra su campo.

EL DEBATE DE LAS COLECCIONES El primer surgimiento de la novela negra en catalán tuvo un referente, la colección La Cua de Palla. Hoy no. La Magrana publica con la marca La Negra algún título local y algunos de los best-sellers de la Serie Negra de RBA. Hoy se presenta en sociedad, con sus dos primeros títulos Crims.cat, de la editorial Al revés. Pero el grueso del catálogo está en manos del Grup 62, que rechaza encerrar la novela negra en una colección. «Yo no creo que las colecciones limiten el público, considero que aglutinan a un grupo de lectores fiel», sostiene en cambio Àlex Martín, director de Crims.cat.