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Un valioso descubrimiento

El Prado saca a la luz a la otra 'Gioconda'

La pinacoteca revela que una de sus obras sin adjudicar fue pintada en el taller de Leonardo da Vinci

OLGA PEREDA
MADRID

La ’Gioconda’ del Prado.

La ’Gioconda’ del Prado. / AGUSTÍN CATALÁN

Por el mundo circulan muchas copias de la Mona Lisa, el cuadro sobre el que se han elaborado más teorías debido a su enigmática sonrisa. ¿Pero cuántas de esas obras se pintaron en el taller de Leonardo da Vinci? Que se sepa, una. Y llevaba años colgada en las nobles paredes del Museo del Prado. Sin embargo, nadie sospechaba su origen. Hasta ayer.

Se la conocía como La Mona Lisa del Prado y tenía el mismo tamaño que la original. Sin embargo, había tres diferencias. Primero: el dibujo era más nítido. Segundo:  el rostro de la joven incluía cejas. Y tercero: el cuadro carecía de paisaje. Hasta ahí, todo perfecto. Una copia más de La Gioconda expuesta en la pinacoteca de Madrid, en una espléndida sala junto a otras obras de altísima calidad. Hace dos años, el Museo del Louvre se interesó por La Mona Lisa del Prado. El museo parisino quería hacer una gran exposición sobre Leonardo (que se inaugurará el próximo mes de marzo) y el cuadro madrileño les pareció interesante. Tanto como para pedir a sus colegas del Prado que estudiaran y restauraran la obra.

Lo que descubrieron los técnicos fue de aúpa: no era una simple imitación de La Gioconda sino que fue pintada en el propio taller de Leonardo. El autor se desconoce, pero, probablemente, se trata de algún pupilo del genio del Renacimiento, que pintó la obra al mismo tiempo que su maestro. Algunas voces piensan que podría ser uno de sus dos alumnos más próximos, Andrea Salai (que, a la postre, fue su amante) o Francesco Melzi. Sin embargo, los responsables del Prado dejaron ayer claro que avanzar nombres es «del todo precipitado». Eso sí, descartaron «absolutamente» la intervención personal del maestro en la pieza.

RUEDA DE PRENSA REVENTADA / El Prado quería anunciar públicamente semejante hallazgo en una conferencia de prensa a bombo y platillo a finales de febrero. Sin embargo, la noticia explotó ayer después de que algún miembro del equipo de restauración del museo soltara el sorprendente e inesperado resultado de la investigación en unas jornadas de arte que se están celebrando en Londres. El diario The Art Newspaper publicó el notición y, tras la cascada mediática, los responsables del Prado convocaron a los periodistas españoles con extrema urgencia a primera hora de la tarde de ayer.

En uno de los sótanos del museo, los responsables de la investigación explicaron que, una vez solicitada la restauración por parte del Louvre, los técnicos fueron levantando capas de pintura de la obra. Así descubrieron que el cuadro, en contra de lo que se pensaba, tenía paisaje. Este había permanecido oculto tras unas capas de pintura negra, incorporada a la pieza unos 200 años después de ser terminada. ¿Por qué? Según los responsables del Prado, la pintura negra se deba, quizá, a los gustos de la época. El paisaje descubierto por los técnicos era «extraordinariamente similar» al de La Gioconda original, así que en ese momento empezaron a saltar las alarmas: la obra que tenían entre manos podía no ser una copia más sino un cuadro realizado en el mismísimo taller del genio florentino del Renacimiento.

Otro dato confirmó tal extremo y es el que se refiere a la madera. En principio, el Prado pensó que era roble y que, por lo tanto, la obra pertenecía a la escuela flamenca. Según los expertos, el pino corresponde a la escuela española y los frutales, a la italiana. Sin embargo, los estudios posteriores concluyeron que la madera de La Mona Lisa del Prado no era de roble sino de nogal. Conclusión: la obra pertenecía definitivamente a la escuela italiana.

BUEN ESTADO / Todos estos detalles fueron desvelados ayer por Miguel Falomir, jefe del departamento de pintura italiana del Renacimiento de la pinacoteca madrileña, que mostró la espléndida obra a los periodistas españoles y extranjeros que acudieron a la urgente e improvisada convocatoria. «Es consecuente con la técnica y las características de los cuadros que están producidos en el taller de Leonardo, es una de las muchas réplicas que hacían sus ayudantes», explicó el responsable del Prado.

Falomir destacó que el estado de conservación de la obra es bueno. Entre otras cosas, añadió, porque los viajes suelen estropear bastante los cuadros pero, en este caso, la pieza nunca ha salido del Prado. «No sabemos cuándo llegó a España. Lo único de lo que tenemos certeza es que ya estaba en el inventario realizado en el Alcázar de Madrid a mediados del siglo XVII. Suponemos que llegó a España a principios de ese siglo», explicó.

A pesar del aperitivo de ayer, todos los detalles de la investigación (¿habrá más?) serán expuestos en una macropresentación oficial que tendrá lugar dentro de unas semanas en Madrid. Después, La Mona Lisa del Prado saldrá por primera vez de Madrid y pondrá rumbó a París, donde será una de las piezas relevantes que el Louvre incluirá en la exposición dedicada a Leonardo.