LA PRIMERA EXPOSICIÓN SOBRE UN RESTAURANTE

El Bulli vuelve a 'abrir'

Una muestra en el Palau Robert repasa la historia del establecimiento de Ferran Adrià

Vitrina con las plastilinas con las que los cocineros ensayan los platos.

Vitrina con las plastilinas con las que los cocineros ensayan los platos. / ALBERT BERTRAN

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FERRAN IMEDIO
BARCELONA

los dos años de parón del Bulli para reconvertirse en una fundación no están siendo un tiempo muerto. Mientras Ferran Adrià y su equipo acaban de sentar las bases del nuevo proyecto, que verá la luz en el 2014 en Cala Montjoi, hay otras iniciativas paralelas en marcha. Una de ellas es la exposición que se abrirá mañana en el Palau Robert:Ferran Adrià i elBulli. Risc, llibertat i creativitat.No es poca cosa: se trata de la primera muestra de la historia dedicada a un restaurante. Este recorrido por la trayectoria del mítico establecimiento de Roses estará abierto hasta el 3 de febrero del próximo año y luego viajará a varias ciudades del mundo, entre ellas Londres y Nueva York, para «explicar fuera lo que ha pasado aquí», comenta el cocinero.

Y lo que ha pasado es que el Bulli ha encabezado una revolución culinaria que han seguido decenas de establecimientos más. «Cuántas veces se ha dicho que esto es una moda. Pero no, forma ya parte de la identidad cultural y económica de este país. Esta cocina está más fresca que nunca. y durará al menos 30 años más». De ahí la magnitud de una exposición que, cuando recale en el extranjero, tendrá un espacio más en el que se reconocerán a todos los cocineros que han participado en la revolución gastronómica.

La exposición empieza por el final. O por el principio, según se mire. Empieza por la fundación del Bulli (que echará a andar en el 2014), con los manuscritos del chef que sirvieron de chuleta para anunciar el cierre del restaurante para reconvertirse en el nuevo proyecto (cerca, la figura de un perro, el bull dog francés que dio nombre restaurante, recibe al visitante). Y acaba con las imágenes del último plato del último servicio del último día del establecimiento de Cala Montjoi: cuatrofondues. Fue el 30 de julio del 2011.

VAJILLA HECHA A MEDIDA / Justo ayer, seis meses después, el Bulli debería haber abierto la nueva temporada. Por caprichos del destino, ha vuelto a abrir, pero en forma de exposición. La casualidad le vino de perlas al chef para anunciar que ayer mismo empezaba, «conceptualmente», la fundación en la que en realidad llevan meses trabajando.

Entre esa primera sala y la última, donde se cierra el círculo con el perro que identifica al restaurante hecho por el pastelero Christian Escribà y Patricia Schmidt para celebrar aquel día final de euforia, se hace un paseo por la historia del Bulli.

Una panorámica que viaja a los orígenes del restaurante en 1961 y que resulta tan entretenida y subyugante como la cocina que han ido inventando Adrià y su equipo. Las fotos de Cala Montjoi en 1956, cuando el matrimonio Schilling compró unos terrenos en los que luego edificó el merendero con minigolf que acabó siendo el Bulli, las plastilinas con que se ensayan las composiciones de los platos (proporción, colores...), la mesa donde se proyectan las imágenes de un comensal zampándose un menú del restaurante, la vajilla hecha a la medida de cada plato, el instrumental de los cocineros (algunas máquinas parecen propias de cirujanos, ingenieros o carpinteros), el mural con los vídeos de cada plato, las portadas de diarios de todo el mundo (hay tres delDominicaly una delTeletodo, ambos suplementos de EL PERIÓDICO)... Todo se explica de manera clara y amena.

«PAPELUCHOS» / Pese a que, según él, «solo está el 10% del material del Bulli», en el Palau Robert cabe de todo. También el humor: el retrato que le dedicó Matt Groening, padre deLos Simpsons, y las parodias dePolòniaen las que el cocinero charla con su caricatura. Pero la muestra, que elpresidentde la Generalitat, Artur Mas, inauguró ayer y que ha sido comisariada por el catedrático de teoría de la comunicación Sebastià Serrano, es algo serio.

Y si no hubiera sido por Juli Soler, mano derecha de Adrià y copropietario del restaurante, no habría sido posible. «Lo guardaba todo. Facturas, fotos... Nosotros los considerábamos papeluchos, pero cuando vimos que los manuscritos que sirvieron para editar el libroLos secretos de El Bulli. Recetas, técnicas y reflexiones alcanzaron 55.000 euros en una subasta, nos dimos cuenta de que eran archivos muy importantes», explicó Adrià.

El chef confiesa que se emocionó ver la «magnitud increíble» del trabajo hecho durante estos años en los que el restaurante de Roses ha parido 1.846 platos. «Poner orden en nuestra historia nos ha servido para hacer la fundación».

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