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CRÓNICA

Clímax de The New Raemon

El grupo barcelonés desplegó 'Libre asociación' a todo lujo en Apolo

JORDI BIANCIOTTO
BARCELONA

Sin hacer mucho ruido, Ramón Rodríguez ha conseguido que su alter ego artístico, The New Raemon, se convierta en un punto de referencia de la escena. El viernes, un Apolo bien poblado enmarcó el clímax de la campaña Libre asociación sin escatimar detalles ni atenciones: recital más largo de lo habitual (gran productividad: 23 canciones en algo menos de 90 minutos) y banda ampliada, con los refuerzos de la guitarra de Dani Vega (Mishima) y el violín de Sara Fontán (Manos de Topo).

Antes, Ferran Palau entró en acción con una cata de su primer disco en solitario, que saldrá en marzo. Dado que él es uno de los dos compositores de Anímic, no queda claro dónde se sitúa la línea fronteriza entre una y otra identidad, si bien las nuevas canciones insinuaron un territorio más íntimo y etéreo, de emociones y evocaciones privadas.

ARPEGIOS PROFUNDOS / Piezas que deslizaban viñetas poéticas con trasfondo misterioso y que Palau defendió con un modus operandi espartano: con la guitarra sobre la pierna derecha, como los cantautores de antes; tocando más arpegios que acordes rasgados, y cerrando los ojos expresando una concentración innegociable. Lástima que el volumen de las conversaciones de una parte del público, el más alejado del escenario, dificultara el disfrute.

The New Raemon diseñó un temario panorámico con canciones significativas del pasado y el repertorio casi íntegro de su siniestro y exaltado Libre asociación. Material este último que mostró sus vértices más angulosos con un tratamiento perfeccionista, y que abrió y cerró la noche: de Lo bello y lo bestia al cierre con Soñar la muerte y Llenos de gracia. Entre ambos cabos, un recorrido de tacto primorosamente áspero con nudos meritorios como Algunas personas del valle y las pretéritas Sucedáneos, La cafetera y Dramón Rodríguez.

El líder introdujo una cuña acústica con Te debo un baile, Hámster caníbal (prestada de su nuevo grupo paralelo, Germana, que integra con sus dos hijas púberes), Tú, Garfunkel y La dimensión desconocida («La canción más bonita que he escrito»). Retando los límites horarios de Apolo, la sesión se estiró con rescates como La mesa redonda y Consciente hiperconsciente, entre altivos y precisos muros de sonido. Noche de plenitud.