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EL EXSACERDOTE ALECCIONADOR

La muerte olvidada de Martín Vigil

El novelista más popular del franquismo acabó en el anonimato

ELENA HEVIA
BARCELONA

Fue uno de los escritores más famosos de los años 60 y 70 gracias a unas novelas de formación dirigidas a los adolescentes, teñidas de un sentimiento religioso que poco a poco fueron abordando temas más coyunturales: el compromiso político, la liberación sexual (dentro de un orden), el divorcio o las drogas. El exsacerdote jesuita José Luis Martín Vigil muy bien podría haber sido uno de esos personajes que Manolo Summers retrató en su documental Juguetes rotos. Es decir, pasó de ser un fenómeno de ventas a alguien totalmente barrido por la marejada de la transición. Las novelas de Martín Vigil pasaron de moda después haber indignado a una derecha que en un principio lo había aupado y cayeron en el olvido.

Ayer, el diario El Mundo hizo público su fallecimiento, el 20 de febrero del pasado año en una residencia madrileña, a los 91 años, sin que la noticia hubiera trascendido a la prensa.

El que fuera el editor de Martín Vigil en Planeta, Rafael Borrás, que colocó en su catálogo más de 20 títulos en los años 80 y 90, le recuerda como un hombre muy «correcto y profesionalmente muy cumplidor». El editor aprovechó la gran admiración que el escritor profesaba a Ignacio de Loyola para encargarle una biografía novelada sobre el santo: «No sabía que hubiera muerto pero lo sospechaba porque hace pocos años leí una entrevista que le hicieron en la revista Alba en la que él hablaba de su próximo final». En esa entrevista, publicada en el 2007, el escritor aseguraba: «Siento una enorme curiosidad porque dentro de poco veré a Dios y entenderé lo que ahora no entiendo... Sé que aunque sea yo el diablo en persona, ya encontrará Él la manera de salvarme».

Los últimos años del novelista, que se había secularizado en 1957, coincidieron con la posibilidad de vivir más libremente su oculta homosexualidad y de escribir sobre ello, aunque el asunto sea fácilmente rastreable desde sus primeros libros. En 1976 le salpicó el escándalo. Paradójicamente, el autor más aleccionador del tardofranquismo fue acusado de pederastia, aunque la denuncia no llegase a prosperar.

La obra del escritor se despliega en unos 40 títulos entre los que destacan La vida sale al encuentro, que tuvo que publicarse en México en 1955, a la que siguieron Las flechas de mi haz -«una visión muy crítica de la guerra civil», según Borrás- La muerte está en el camino, Sexta galería, Cierto olor a podrido, Los curas comunistas y Un sexo llamado débil.